El problema con mayúsculas
lunes 28 de junio de 2010, 21:02h
Sorprende cómo cierta prensa, en busca de un sensacionalismo facilón, suscita en ocasiones debates que sólo pueden ser calificados como falsos y oportunistas porque carecen de cualquier fundamento sólido o serio. Tal es el caso de la hipótesis de un gobierno de coalición, que algunos medios suscitaron la pasada semana, como si fuera una propuesta del PP para ya y casi de modo inmediato. Ningún observador de nuestra vida política podría creer o aceptar semejante idea, a poco que esté al tanto de lo poco bueno y mucho malo que ocurre en nuestro atribulado país desde que este Gobierno lo es. Se partía de unas declaraciones de Arenas interpretadas de un modo que, quien haya seguido sus ideas y su trayectoria y, sobre todo, quien haya leído atentamente sus declaraciones, difícilmente podría aceptar. Hace algunos meses se habló ya – en otra de esas propuestas demenciales con que llenan sus páginas algunos medios- de introducir en el Gobierno de Zapatero a algunos miembros del PP, en una especie de “pequeña coalición”. Y Arenas, que era uno de los aludidos para tan aberrante fichaje, se apresuró a desmentir la especie con contundencia y con una oportuna dosis de ironía. Algunos tertulianos y columnistas, despistados o más interesados en hinchar globos que en comentar la actualidad, insistieron en la “propuesta” de una “gran coalición” incluso después de que Rajoy, el pasado viernes, la negara categóricamente, rechazando cualquier hipótesis de coalición con el Gobierno de Zapatero. Al tiempo que volvía a su idea, ya avanzada en ocasiones anteriores, de que en el futuro y con un socialismo diferente del actual, habría que llegar a un gran pacto sobre una serie de cuestiones, que enumeró y que no hace falta reiterar.
Rajoy también ha subrayado que el PROBLEMA (yo lo pongo con mayúsculas para remarcar la determinación con que lo expresó) es Zapatero. Y sólo cuando desaparezca de la vida política el actual Presidente del Gobierno, que lleva seis años ninguneando, engañando e intentado eliminar de la escena al PP, se podrá abordar la necesaria tarea de resolver por la vía del pacto los otros grandes problemas nacionales, en el espíritu de consenso que fue la feliz aportación de la Transición. Salustiano Olózaga, importante político del XIX, etiquetó en cierta ocasión a Isabel II como “el obstáculo tradicional” que impedía la solución de los problemas de entonces. Zapatero es ahora ese obstáculo que impide emprender con las suficientes garantías de éxito tantas tareas pendientes como acucian a esta España del siglo XXI. Seis años no dan, desde luego para crear una “tradición”, pero ahora todo se mueve mucho más deprisa y este sexenio se va haciendo ya tan largo que bien merece que nos refiramos a la detestable y sectaria “tradición” zapateril de excluir al principal partido de la oposición, negándole cuartel y casi legitimidad. Rajoy rechazó por eso la posibilidad de cualquier acuerdo de fondo, aunque señaló que si el Gobierno –sobre todo como consecuencia de las presiones exteriores que ahora recibe casi a diario- hiciera alguna propuesta acertada, contaría con el voto popular.
En este mes de junio que ahora termina se han producido dos acontecimientos que demuestran cómo funcionan las auténticas democracias parlamentarias y cómo no funciona esta nuestra, que no acaba de madurar ni de modernizarse, víctima del sectarismo, el radicalismo y los estrechos y egoístas nacionalismos. En los dos casos que cito un partido gobernante se desembaraza de un primer ministro ineficaz y le sustituye por otro de su misma formación política, sin hacer padecer a los respectivos países un calvario similar al que España sufre, sin que haya salida aparente. A principios de mes, Hatoyama, primer ministro del Japón, fue destituido por su propio partido, aunque sólo llevaba ocho meses en el poder, después de obtener una resonante victoria sobre el PLD, que había gobernado casi sin interrupción desde la II Guerra Mundial. Sin demasiada dificultad se encontró un sustituto en el que era ministro de Hacienda, Naoto Kan. Unas elecciones al Senado el próximo mes de julio, supondrán el veredicto popular sobre este cambio. Sólo hace unos días, el primer ministro de Australia, el laborista Kevin Rudd, que también había ganado muy ampliamente las elecciones hace dos años y medio, fue invitado a marcharse por su propio partido. Su sustituta, Julia Gillard, que era su viceprimer ministra y también del mismo partido, le ha desplazado limpiamente y ha anunciado elecciones para el próximo mes de octubre. Como se ve, en estos casos no hay más solución definitiva que unas elecciones, que aquí Zapatero nos niega hasta dentro de dos años
Desgraciadamente en el PSOE no existen esos reflejos democráticos que permitirían que el partido gobernante ahorrase a España y a ellos mismos la penosa situación en que han sumido al país. Claro, que en los dos casos citados los sustitutos han salido del seno del mismo gobierno. Y aquí se repasa la lista de los ministros y le dan a uno escalofríos ante la perspectiva de que alguno de ellos se instalase en La Moncloa. Y lo mismo ocurre si se contemplan las inmediaciones pajinianas del poder. Para echar a correr. Tan es así que algunos no vacilan en recurrir a las gastadas viejas glorias del felipismo… como si los españoles (por lo menos, algunos) no tuvieran memoria.
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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