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Política y salvaje

Alejandra Ruiz-Hermosilla
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ruizhermosillaelimparciales/14/14/26
miércoles 30 de junio de 2010, 23:35h
La huelga de los trabajadores del Metro de Madrid es “salvaje” porque han vulnerado durante dos jornadas consecutivas el mandato constitucional de garantizar los servicios básicos de los ciudadanos y han cometido con ello un delito que puede acarrearles consecuencias incluso penales si no queda toda sanción diluida en una posterior negociación con la dirección de la empresa; y es una huelga política porque sólo las ganas que le tienen a Esperanza Aguirre en particular y al PP en general justifica esta respuesta desproporcionada a un ajuste salarial que, efectivamente, vulnera su convenio colectivo, pero que no les supone ni quince euros menos al mes. El trastorno que han causado a todos los madrileños, y no sólo a los dos millones de usuarios del suburbano, ha sido y todavía será de tal magnitud que los ánimos están exaltados en cada parada de autobús y de taxi, en cada acera atestada y en cada semáforo bloqueado.

Los sindicatos necesitaban una demostración de fuerza tras el fracaso rotundo de la reciente huelga de funcionarios y los ciudadanos no necesitábamos ni un empujoncito para crisparnos. Se jugaba en terreno abonado. Menos mal que la selección española ganó a Portugal y nos dio a todos un motivo para sonreír. Sin la victoria mundialista en la retina, esta mañana de miércoles hubiera podido alumbrar alguna más de las dos agresiones registradas.

Con todo, el conflicto local que está suponiendo el paro total del Metro madrileño no es más que la punta del iceberg de lo que podría llegar a pasar si pinchan en demasía al personal. No me refiero a pinchar a los sindicatos, que generan hoy entre los trabajadores más rechazo que apego, sino a pinchar a los trabajadores, a los curritos que no se sienten representados ni defendidos por estos sindicalistas de pega sin corbata, pero con cazadora de Ralph Lauren, a los parados a los que la selección española no les paga la hipoteca ni la letra del coche, a todos los españoles a los que el mes de julio les trae una subida del gas, del butano y del IVA que es lo que les quedaba para llegar al último botón del cinturón.

Zapatero debería entender que mantener la paz social, evitar la crispación y el conflicto en las calles ya no está en manos de unos sindicatos sin crédito sino de unos ciudadanos cada día más hartos. El presidente debería mimar a esos millones de españoles más abrasados que quemados con la situación económica y no a quienes no velan por más intereses que los propios, delinquen en el intento, enfurecen a los ciudadanos y vulneran su derecho a tener cubiertas las necesidades básicas. Tome nota el Gobierno de lo que acontece estos días en Madrid y adopte las medidas necesarias para que no corra la pólvora por el resto de España, Cataluña incluida a pesar del Estatut, del Constitucional, del tripartito y de los nacionalistas radicales.

Alejandra Ruiz-Hermosilla

Periodista

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