Retorno de la erudición: Su inserción en la informática
José Manuel Cuenca Toribio
lunes 05 de julio de 2010, 18:12h
Es curioso. En tiempos de toda suerte de enciclopedias en la red, de abundancia y hasta inundación de datos y noticias sobre los temas más enrevesados, la erudición vuelve a cotizarse con elevado valor en las bolsas culturales de hodierno. La avalancha torrencial de información a través de los medios no es ni mucho menos en todos los casos sinónima de rigor y acribia. A la vista de gazapos y yerros de abultado espesor y frecuencia sorprendente, antes se diría al contrario. Sembrada la desconfianza en la pulcritud y fiabilidad del saber proporcionado por la más flamante tecnología informática y ¿cibernética?, resulta lógico que la erudición alquitarada de los viejos diccionarios y enciclopedias conozca un revival de aprecio y estima. Afortunadamente, en España no hemos ido aquí a la zaga de Francia o Gran Bretaña y en las dos capitales editoriales del país –Madrid y Barcelona- aparecieron en la centuria precedente textos de la mayor solvencia y utilidad, entre ellos, el legendario “Espasa”.
Paradójicamente en el solar por antonomasia del faprestismo y la improvisación, de la llamarada y el impulso poco continuado, la erudición ha tenido siempre buena prensa y excelentes cultivadores. Las responsabilidades civilizadoras y culturales de nuestros antepasados, derivadas en buena parte de la gran empresa ultramarina de los siglos modernos, se encuentran en ancha medida en la raíz del fenómeno. El equilibrio y armonía entre erudición y creación han sido unas de las constantes más felices de la cultura nacional; y a su luz se explica su gran peso y poderoso ascendiente en los destinos artísticos y literarios del planeta durante los últimos quinientos años.
En amplias franjas del universo científico y cultural, la erudición, esto es, el conocimiento adquirido mediante un instrumento idóneo y expuesto con igual propiedad y limpieza, se presenta como el medio insustituible para alcanzar en cualesquiera esferas resultados de acreditada garantía y solidez. Una fecha equivocada, un mapa erróneo, una atribución falsa, una referencia extraviada conducen ineluctablemente a interpretaciones y conclusiones infirmes y engañosas, capaces de destruir los edificios teóricos y las tesis más ingeniosas y buidas. Y no cabe por fortuna buscar atajos para encubrir la mercancía averiada ni el producto Light. En las ciencias y en las artes el material ha de ser, indeficientmente, de primera calidad.
Únicamente, pues, con alborozo cabe saludar el “retorno” de la erudición al justiprecio de las obras culturales y científicas del presente, poniendo fin a una antinomia sin razón de ser, pero muy extendida en la mentalidad de las últimas generaciones. Sin duda, en la axiología intelectual, la erudición ocupa un rango inferior a la creación. Hay gentes muy dotadas para la primera que por inclinación o conciencia de sus limitaciones no traspasan el nivel de la segunda. A su vez, las dueñas de vis creadora andarán desacertadas si prescinden por prurito de los servicios siempre útiles aportados por la erudición. En el plano colectivo, empero, las relaciones entre ambas han de ser forzosamente de estrecha colaboración y buena vecindad, ya que no cabe la disociación. La actualidad del fenómeno viene dada por la recuperación del lugar del que la primera nunca debió ser desahuciada y, muy primordialmente, por su digna y completa inserción en la palestra informática más refulgente.