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Los ritos de paso

Isabel Gómez Acebo
miércoles 07 de julio de 2010, 19:06h
Asistí el sábado al bautizo de uno de mis nietos y aparte de las reflexiones espirituales que me inspiró el acto, pensé en la sabiduría de la Iglesia Católica que había sabido acompañar al ser humano en todos los momentos de su vida social y religiosa. Bautismo al nacer, la primera comunión en el acceso a una incipiente madurez; la confirmación como entrada en la vida adulta; el matrimonio al ingresar en la convivencia más íntima para terminar con las exequias por la muerte.

Ahora que se anuncia una ley de libertad religiosa y que la realidad española es pluricultural en cuanto a las creencias, no me parece mal que se busque otra manera de celebrar estos ritos de paso tan importantes en la vida de los seres humanos. No sería justo que ateos, musulmanes, judíos u otras religiones tuvieran que asistir a ceremonias que les son ajenas.

Pero no se pueden quedar en el vacío porque somos creaturas relacionales y nos importa que las personas con las que convivimos sepan de nuestros logros, alegrías y penas. El famoso chiste de un naufragio en una isla desierta en la que se encuentran solos Claudia Schiffer (o una mujer equivalente) y un joven, daba a entender que la relación sexual entre la pareja no tenía excesivo interés porque no había nadie a quién contárselo.

Las nuevas ceremonias que se establezcan tienen que tener categoría y dignidad. Muchos colegios y universidades festejan la entrega de sus títulos, las academias celebran la entrada de los nuevos académicos, el parlamento, el inicio del año legislativo… Hoy ya son un hecho la celebración de las bodas civiles. He asistido a varias con distintas impresiones. Unas, en las que los alcaldes o concejales de turno cumplían un servicio lo más rápido posible, en un lugar poco o mal acondicionado,lo que no resultaba apropiado. Otras, mucho más cuidadas, con lecturas de clásicos sobre el amor y la vida en convivencia. Es verdad que los oficiantes imitaban un poco las bodas religiosas pero porque no hay otras tradiciones en España y deberán nacer nuevas fórmulas en la medida que vaya pasando el tiempo y se ensayen liturgias alternativas.

Habrá que estudiar el lugar y la forma de hacer grandes funerales de estado para aquellas personas que murieron en atentados, accidentes múltiples o que fueron importantes personajes de la comunidad. Los legisladores no piensan en los efectos que producen sus leyes hasta encontrarse con los hechos consumados cuando no hay tiempo para organizar y todo se improvisa. Espero que lo tengan en cuenta y que le encarguen a grandes liturgos la organización de un ceremonial que tenga categoría y empaque como le corresponde a un gran país.

Isabel Gómez Acebo

Licenciada en Políticas y Teología

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