Los motivos de Ingrid Betancourt
sábado 10 de julio de 2010, 01:44h
Todos aquellos que han sobrevivido a un secuestro de las FARC cuentan horrores de las condiciones en que estuvieron retenidos. Especialmente duro es el trato dispensado a policías y militares, ya que son considerados por los narcoterroristas como objetivos a abatir. Pero tampoco es fácil la de otros rehenes, sobre todo políticos y empresarios, pues saben que el único motivo por el que permanecen con vida es el rédito político o económico que las FARC obtendrán por ellos. Tal fue el caso de Ingrid Betancourt, que permaneció seis largos años secuestrada en la selva, hasta que en 2008 fue liberada por el ejército colombiano. Ahora, la ex candidata presidencial colombiana demanda al Estado más de seis millones de euros como responsable civil subsidiario de su secuestro. Sostiene Betancourt que las autoridades tenían que haber garantizado su seguridad, y no lo hicieron.
Ingrid Betancourt merece todo el respeto del mundo. Segaron su vida de cuajo, la apartaron de sus seres queridos durante seis años y su salud aún hoy padece las secuelas del cruel cautiverio. Pero ello no obsta para que se tengan en cuenta una serie de consideraciones, tales como que Betancoutr sabía a lo que se exponía cuando se adentró en la región donde fue secuestrada. De hecho, las autoridades intentaron convencerla de lo peligroso que era, aunque fue en vano. Por desgracia, esas mismas autoridades estaban en lo cierto, e Ingrid Betancourt padeció en carne propia su error durante seis penosos años. Pero fue precisamente eso, un error suyo al adentrarse en una zona controlada por las FARC, lo que le costó su cautiverio. Bastante hizo el estado colombiano por intentar liberarla a ella y al resto de personas que las FARC aún mantienen secuestradas. Si cada uno de los que ha recuperado su libertad procediese del mismo modo, Colombia tendría un grave problema de liquidez. Así las cosas, que la señora Betancourt siga escribiendo el relato que tan jugosos beneficios le va a reportar y que siga dando testimonio de su dura experiencia. Pero que no caiga en el error de pedir cuentas a un Estado que no es responsable de la fatalidad que ocurrió. Si acaso, es también víctima.