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Por fin España

Carlos Loring Rubio
martes 13 de julio de 2010, 19:56h
Hasta el domingo no había reparado en ello. Las gentes que pasaban a mi alrededor hasta ese día se me aparecían ajenas, como necesarias molestias que esquivar para el logro de mis propósitos. Tras la gesta ya no me resultarán indiferentes nunca más, sino que, como partícipes del mismo destino que compartimos, las percibo como lo que son: compañeros, aliados en la búsqueda de un bien común. Los antes extraños parecen sonreír y, desde sus miradas cómplices, trato de imaginar sus vidas, no muy diferentes a la mía. Sus problemas y anhelos se han convertido en propios.

Un pequeño grupo de hombres ha realizado el sueño y deviene en un antiguo orgullo olvidado. La alegría se desborda y los gritos de ánimo, otrora incómodas reminiscencias de un totalitarismo usurpador de los símbolos, se normalizan, la ira se apacigua. Una bandera para todos, un himno al que cada uno le pone su letra, como si el concepto de la nación fuese tan grande y sagrado que fuera del todo imposible concebirlo en palabras.

Los héroes deportivos son reflejo de aquellos otros que luchan anónima y constantemente para sacar a sus familias adelante, cuyo esfuerzo revierte en beneficio para todos. Los valores que comparten los españoles, su natural nobleza, convierten todos los propósitos en logros cuando se dan la motivación y organización adecuadas. Las dificultades persisten, aunque ahora somos más conscientes de ser poseedores de la capacidad para todo.

Debe ser extraño el sentimiento en los mezquinos de lo pequeño, cuando deben reprimir un estremecimiento de alegría que descubren como intruso en su interior. Todo su discurso bien aprendido se desvanece ante emociones que desconocían albergar. España como continente de pueblos de culturas y lenguas diversas comparte una misma alma, un sentir, un concepto de la vida y de las cosas que nos hace iguales en todas sus partes. Tratar de ensalzar únicamente las diferencias y de debilitar el vínculo que nos une, resulta una provocación para romper con las más elementales bases de convivencia que nos hemos dado, es herir a la sensatez, al sentido común y al sentir que la inmensa mayoría de nosotros compartimos. El fútbol ha servido como vehículo de unión e integración, el campeonato del mundo ha provocado la necesaria catarsis hacia un patriotismo sin complejos.

Carlos Loring Rubio

Abogado

CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)

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