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Y después de Iniesta, Montilla

jueves 15 de julio de 2010, 19:26h
No acababan de salir ayer tarde Iniesta y Casillas de la verja de la Moncloa, que ya se citaba Zapatero con el pobre Montilla para cerrar un encuentro y lo que es peor una estrategia legal para intentar burlar la sentencia del TC y darle a Cataluña por la puerta de atrás una reparación “moral” de sus anticonstitucionales ambiciones.

Y he recordado ahora que con su habitual desahogo intelectual y moral, los socialistas-¡qué importa si eran del PSOE o del PSC!- alegaron en los años dos mil, que el crecimiento de la reivindicación independentista de Cataluña y el crecimiento electoral de ERC se debieron “a la política de Aznar”. De ahí surgió el excluyente y antidemocrático pacto del Tinell, como simiente de la locura colectiva de unos dirigentes políticos, con el presidente Zapatero a la cabeza y con Maragall como la moderna escenificación del Alec Guinness de “El Puente sobre el río Kwai”, haciendo el puente para los japoneses.

Poco les importaba entonces si con ello alimentaban al enemigo, le daban alas en su reivindicación, y respaldaban a Pascual Maragalll en su paranoico deseo de ser presidente de la Generalitat de Cataluña o a Carod Rovira de serlo del Estat Catalá. El problema es que aquel argumento era tan falaz como gratuito y solo valía para eludir su enfrentamiento con la exponencial carrera en pelo por ser más nacionalista que CIU y casi tan independentista que los propios de ERC o ICV. Ahí estuve el principio de su enloquecida estrategia de “acostarse “con su peor enemigo de la primera legislatura del funesto Zapatero del 2004 al 2008. Su conchabamiento parlamentario y estratégico con Puigcercós, su ingenua y malévola apuesta por un nuevo Estatuto para apoyar a Maragall y desbancar a CIU, ha culminado con una suicida política de alianzas en Cataluña, que ha acabado como el rosario de la aurora.

Porque hay que decir con rotundidad que la razón del retraso de la sentencia del Tribunal Constitucional ha radicado en que los jueces se han negando a validar con su criterio en ese tiempo la declaración de que Cataluña fuera una nación y su consagración legal, que era lo único que en verdad importaba a los independentistas, al infeliz Montilla, a Mas, a Pujol y a todos ellos. La prueba es que si seguimos el argumento del malvado Rubalcaba, el TC ha validado el 95 % de sus artículos y ha consagrado la derrota del PP por mil a cero. Pues entonces ¿de que se quejan? se pregunta la gente, si han legitimado lo que querían.

Por ello ahora tienen un problema Zapatero, Montilla y todos los que como ellos dos alimentaron un monstruo que siempre quiere más, que no le basta la autonomía financiera y política. No. Han hecho muy bien los jueces en salvar la dignidad de los españoles antes de consagrar la traición de Zapatero y demás irresponsables, que ha acreditado su maldad política, su ignorancia histórica, su ingenuidad, su malévola intención de ir cambiando de pareja, de presidente de la Generalitat, de amigo, de socio, de aliado, sin importarle la Constitución y la defensa del orden que de él se deriva. Por cierto: la dignidad de Cataluña también está en que nadie robe a los catalanes los fondos del emblemático Palau de la Música para si o para financiar a instituciones o partidos políticos catalanas.

Concluyamos: según el siempre malvado análisis de los socialistas del año 2000 ¿Quién es ahora el responsable político de que en Cataluña hayan crecido hasta el infinito las ansías independentistas? ¿quién el que ha conseguido y permitido que se hayan convocado con apoyo de los medios de comunicación catalanes cientos de referéndums en los ayuntamientos para votar la independencia? ¿Quién es el responsable de que el sábado pasado la manifestación contraria a la sentencia estuviera presidida por una pancarta que rezaba “Nosotros decidimos” y que es un desafío al orden constitucional y al sentido democrático. ¿Quién? ¿Quién ha hecho crecer en Cataluña el sentimiento y el deseo de ser independientes? ¿Quién? ZP, Zapatero. Ustedes creen que me alegro: no, en absoluto. Por muy responsable que sea el presidente.

Carlos Abella

Licenciado en Ciencias Económicas y escritor

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