Consensos educativos
jueves 13 de marzo de 2008, 21:07h
Ahora que han pasado las elecciones, podemos volver a hablar de cosas importantes, por ejemplo de educación.
Se recordará que pocos días antes de la consulta electoral saltó a las primeras páginas de los periódicos la nueva asignatura "Educación para la ciudadanía" porque se había convertido en materia de decisión judicial. El hecho es interesante, todo un síntoma de la manera de entender la política en nuestras sociedades. La vieja afirmación sesentayochista de que todo es política se ha convertido en una realidad cotidiana y trivial: todo es política, incluso el currículo de los estudiantes de segunda enseñanza.
Y no debería ser así, y menos en un caso en que se trata de educar para ser buenos ciudadanos. Sólo con enunciar el hecho, caemos en la cuenta de que ese tipo de formación debía estar ya en el conjunto de materias que se impartían. Y así era. Está en los programas de ética y de filosofía. Por tanto, si surge ahora una nueva asignatura, lo primero sería preguntarse por su necesidad y su oportunidad. También, por ser materia delicada, éticamente hablando, que afecta a la formación de la conciencia personal, si su objetivos, contenidos, etc., han sido consensuados, discutidos con las partes implicadas: padres, profesores, asociaciones educativas, sindicatos, etc. Si no fue así, si nació como una "ocurrencia" del gobierno -no digamos con qué intención, había muchas probabilidades de que terminara pasando lo que de hecho pasó: que se convirtió en otro más de los puntos de fricción entre los partidos mayoritarios.
Habría que invitar a unos y otros a que inauguren la "nueva época" que un periodo electoral virgen proporciona, con el firme propósito de sacar la educación del "campo de batalla". En tal sentido, habría que recordar a los "conservadores" que recurrir a los tribunales para defender un derecho a la objeción de conciencia es desproporcionado. Y a los "progresistas" que no deberían abandonar a sus oponentes ideológicos los ideales de la libertad y el esfuerzo personales, centrándose obsesivamente en la igualdad. Y ambas partes deberían pactar una materia educativa que forme en contenidos éticos para la vida individual y para la vida colectiva. No es difícil decir cuales podrían ser esos mínimos porque vienen a coincidir con los valores de pluralidad y convivencia que consagra nuestra Constitución de 1978.
|
Doctor en Filosofía
José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.
|
|