Detenido el Capo dei capi de la ‘ndrangheta
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 18 de julio de 2010, 16:01h
Semana rica de eventos en Italia, difícil elegir cual comentar: sin embargo, entre Berlusconi y su interminable “cruzada” en contra de la Magistratura, las dimisiones bufonescas de Cosentino y las ridículas pancartas en su apoyo pegadas en la ciudad de Nápoles o el escándalo de la P3 con Berlusconi citado como “Cesar” (bastante curioso que se trata de tres asuntos turbios en los que están relacionados hombres del Gobierno y Presidente de Gobierno) prefiero reflexionar sobre el importantísimo golpe asestado por las fuerzas del orden italianas a la ‘Ndrangheta. En la operación, coordinada por las Fiscalías Antimafia de Milán y de Reggio Calabria, se han emitido más de 300 órdenes de arresto, de las cuales algunas han sido entregadas a personas que ya se encontraban en la cárcel. Sin embargo, lo más asombroso ha sido los descubrimientos posteriores a la investigación. A través de esta operación sabemos de las numerosas actividades ilícitas y legales desarrolladas por la organización criminal, que ejerce su influencia y longa manus en círculos económicos, políticos y sanitarios. Se ha revelado la infiltración de la organización criminal en el norte de Italia, tanto que Milán puede considerarse la capital económico-financiera de la ‘ndrangheta. Más que un modelo de imitación por parte de un grupo criminal autóctono, se trata de una colonización del territorio, una expansión de sus tentáculos desde el santuario de la Santísima Madonna de Polsi, en el Aspromonte hasta Milán, pasando por Duisburgo, Cartagena de Indias, Australia. La ‘ndrangheta echa raíces en los nuevos territorios, gestiona los recursos, amplia sus negocios. El cuadro, una penetración estructurada y profunda en el norte del país, muestra una suerte de federalismo mafioso de las familias del norte bajo el control de la asamblea colegial calabresa (si, el sueño federal de la Lega realizado por la organización criminal). Y, finalmente, la investigación ha revelado como se presenta la estructura directiva del grupo mafioso calabrés, parecida a la de Cosa Nostra: un jefe absoluto, encima de una especie de consejo de administración en el que forman los jefes de las tres principales 'ndrine (clanes) y los capos locales.
Los números y datos de esta operación obligan a algunas reflexiones: las escuchas telefónicas y las filmaciones han resultado decisivas para la investigación, sobre todo si tenemos en cuenta que la ´ndrangheta, basándose en un sistema de vínculos de sangre no cuenta con arrepentidos y la posibilidad de que un afiliado colabore con la justicia es mínima. La lucha contra la criminalidad organizada no puede prescindir de este medio: las grabaciones han prestado valiosas informaciones, descubierto los mecanismo y el modus operando de la organización, desvelado episodios como la votación a mano alzada cerca de Milán, en un centro de jubilados dedicado a Giovanni Falcone y Paolo Borsellino (jueces asesinados en 1992- ¿paradoja, mal gusto o cinismo?) del nuevo “maestro general” lombardo, en una escena digna de la película el Padrino. Además, la operación ha mostrado como funciona el sistema, el intercambio de votos, el apoyo electoral en cambio de favores, la concesión de licitaciones de obras públicas con la ayuda de políticos y administradores locales. Si estuviera ya en vigor la malsana ley mordaza (por cierto incluso las Naciones Unidas han instado al Gobierno italiano a que derogue o revise el proyecto de ley de las interceptaciones mientras el Ministro Frattini se ha declarado sorprendido y desconcertado: menos mal que los políticos patrios nunca sienten vergüenza…), estas detenciones habrían sido imposibles. Por eso, tiene razón el procurador nacional anti-mafia, Piero Grasso, que sarcástico, ha afirmado: “para llegar a estos arrestos, hemos violado la privacidad de muchos mafiosos”.
Al igual que las últimas detenciones de camorra, el valor de estas es enrome: nos permiten entender como funciona la política italiana, el nuevo clientelismo-caciquismo, los criterios para la concesión de una licitación, la desvalorización del voto electoral en cuanto simple medio para mover dinero, vaciado de su valor político. Por eso, la importancia de estas investigaciones no debe ser menguada: no basta subrayar sólo el número de detenidos sino entender que estas detenciones atestiguan que la democracia italiana, su economía y tejido social están contaminados por las organizaciones criminales. Ya gobiernan el país, condicionan las decisiones económicas nacionales con la connivencia de la clase política nacional, determinan los equilibrios electorales. Las mafias gestionan la economía nacional (e internacional) coordinándose con las fuerzas políticas que crean, apoyan y substituyen según su interés.
Subrayando la gran labor de las fuerzas del orden italiana, nos queda una pregunta: y ¿ahora? Es probable que, una vez recuperados del golpe psicológico, patrimonial y organizativo, los mafiosos calabreses se reunirán y nombrarán a un nuevo jefe y un nuevo organigrama en substitución. Se ha ganado otra batalla pero la guerra es larga: y mientras Berlusconi hace como si nada hubiera pasado (se le compara a la orquestra del Titanic que suena mientras la nave su hunde), parece evidente la necesidad de luchar contra la mafia más allá de la militarización del territorio y de las detenciones, condicio sine que non necesaria para extirpar la metástasis que se forma cotidianamente y para llamar la atención de la opinión pública sobre el fenómeno; de golpear no sólo el brazo, un tentáculo, sino también la cabeza, de subyugar no sólo su dimensión nacional sino también su proyección internacional (la mafia es un problema mundial). Finalmente, se trata de plantear una estrategia que “integre” a las necesarias detenciones, una lucha social y cultural, de saneamiento “urbanístico-social”, de recuperación de territorio, en contra de la indiferencia nacional, de quien cree que hablando de mafia se “difama” el país. La deriva socio-política es manifiesta y la esperanza de cambio se reduce: ¿serán las instituciones nacionales capaces de garantizar la legalidad?
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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