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RESERVISTAS VOLUNTARIOS

No hay que ser militar para pertenecer a las Fuerzas Armadas

viernes 23 de julio de 2010, 15:11h
Renuncian a sus vacaciones para prestar servicio a España. Durante al menos un mes al año dejan su despacho, su taller, su consulta o su redacción para calzarse un uniforme y ofrecer sus experiencia y formación a las Fuerzas Armadas. Así son los reservistas voluntarios.
Sara Fernández tiene 38 años y siempre quiso tener la oportunidad de servir a España. Es periodista, dirige una publicación, trabaja en un gabinete de prensa y es empresaria. Además, desde hace cinco años dedica parte de su preciado tiempo a las Fuerzas Armadas. En 2005 ingresó en esta institución como reservista voluntario con el empleo de sargento. Desde entonces ha estado destinada durante 30 días al año al menos en la 1ª Subinspección General del Ejército de Tierra (1ª SUIGE). Mientras ejerce como “militar a tiempo parcial”, como lo denomina el Ministerio, Sara no deja de ser periodista pues su puesto responde a su perfil profesional y trabaja en la oficina de comunicación de su unidad.

Como ella, otros 6.000 civiles adquieren la condición militar por unos días al año. Los reservistas voluntarios entregan su experiencia, conocimiento y tiempo a las Fuerzas Armadas. Su trabajo es remunerado según su empleo y el tiempo invertido.

Si bien, precisa Sara a EL IMPARCIAL, “no puede ser visto como un trabajo. Tampoco como unas prácticas ni como una labor altruista”. La motivación del reservista no es profesional. No busca ganar dinero ni prestigio en su campo. Se trata más bien de “una necesidad de servir a la comunidad a la que perteneces, de dar el reconocimiento que se merecen nuestras Fuerzas Armadas y España”, opina la sargento Fernández. “Y esto –concluye- está por encima de todo”.

Les ampara además el derecho constitucional de defender a España, como detalla el Reglamento de acceso y régimen de los reservistas voluntarios.



Comprometidos en principio por tres años con Defensa, los reservistas son activados no menos de un mes al año, tiempo que entregan al Ejército y que quitan a su trabajo o, lo que es más frecuente, a sus vacaciones. Algunos se piden una excedencia y los funcionarios pasan a la situación administrativa de servicios especiales.

Sin embargo, tras casi siete años en funcionamiento, la reserva voluntaria posee alarmantes carencias que perjudican su efectividad y la satisfacción de sus integrantes. Defensa no ha logrado, de momento, convenios con las empresas para que estas apoyen a sus trabajadores-reservistas y les facilite su incorporación temporal en las fuerzas armadas. De esta manera, ser reservista implica tal esfuerzo que, en ocasiones y muy a su pesar, se ve obligado a abandonar las Fuerzas Armadas y a renunciar a los compromisos adquiridos antes de lo previsto.

Por otra parte, los reservistas activados en su unidad se encuentran incómodos entre militares. Y no es porque no exista buena predisposición a acogerlos sino porque, como explica Sara Fernández, “es muy complicado involucrar en un mes a una persona. Las unidades, que van justas de personal, destinan a un efectivo a formar a un reservista durante quince días y, cuando éste ya está formado, prácticamente se marcha”.

Además, no es extraño que el puesto no esté ajustado al perfil del reservista y a las necesidades de la unidad por lo que, en ocasiones, pueden percibir que “están de más”.

Ante estas circunstancias, se habla de un “descontento con mayúsculas”. Estos hombres y mujeres se pusieron el uniforme entusiasmados dispuestos a ayudar en lo que estuviera en su mano. Tenían grandes expectativas que finalmente no se han hecho realidad.

Para colmo, con la crisis el Ministerio ha convocado este año muy pocas plazas para la reserva voluntaria y, para reducir gastos, ha decidido no activar reservistas ni convocarlos a cursos de formación desde el pasado 1 de julio, según denuncian a EL IMPARCIAL.

Perciben además una falta de interés del Ministerio de Defensa que prácticamente no da a conocer en qué consiste la reserva voluntaria y cómo puede uno ingresar en ella. “Parece que no tiene interés en promoverla. Si se conoce es gracias a los propios reservistas”. Para muchos de ellos el Ministerio desaprovecha una ocasión única para transmitir a la sociedad una buena imagen de las Fuerzas Armadas. “Tener a los reservistas contentos no es caro”, indica Sara Fernández.

No buscan el reconocimiento pues su única satisfacción personal consiste en servir a España pero echan en falta el interés por la reserva que perciben en otros países. “En Francia –explican a EL IMPARCIAL- tener un reservista es todo un honor para la empresa”.
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