www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Pula, en Istria

viernes 23 de julio de 2010, 19:15h
Dividida administrativa y políticamente entre Eslovenia y Croacia, Istría es una hermosa península bañada por las calmas y transparentes aguas del Adriático. Un lugar amable, de onduladas colinas, estrechos valles, montañas de alturas poco elevadas y una costa espléndida sorteada por playas, acantilados, cabos, y pequeñas ciudades construidas en piedra y tejados rojos, cuajadas de viejas iglesias, palacios y plazas recoletas. Todas ellas con el inconfundible sello italiano, o, mejor aún veneciano, ya que la ciudad de los dogos queda enfrente y durante siglos ejerció una enorme influencia en la región.

Istría, por su situación estratégica, ha sido siempre disputada por los numerosos pueblos que por allí han pasado. Su posición, la bondad del clima y la riqueza de la tierra han sido siempre apetecidas. De los que la conquistaron, los que dejaron verdadera huella fueron romanos, eslavos, austriacos y venecianos. Sus idas y venidas han sido el pan nuestro hasta hace 20 años. En los últimos cien, sus fronteras han cambiado varias veces: primero formó parte de Austria, luego pasó a manos italianas, y, tras formar parte de la extinta república de Yugoeslavia, actualmente integra Croacia.

La península de Istría, al margen de sus atractivos histórico-artísticos y paisajísticos, es un centro de vacaciones de primer orden. Ya lo era en los tiempos del Imperio Austro-Húngaro. La ciudad balneario de Opatija fue el Biarritz centroeuropeo donde reyes, emperadores, aristócratas, escritores y músicos disfrutaron del ocio hasta la Primera Guerra Mundial. De aquella antigua nobleza nada queda, pero las playas de Istría y sus ciudades se llenan en verano de alemanes, italianos, austriacos, húngaros. En ellas se hablan todas las lenguas posibles, pero casi nunca español. Las agencias de viajes españolas rara vez incluyen en sus itinerarios Istría. Mejor dicho, la obvian, la ignoran en una decisión difícil de entender.

Aunque de los belicosos ilirios de la antigüedad nada queda, en esta región de gran belleza, que goza de un clima mediterráneo suave, la huella de la historia está viva y permanente en cada una de sus ciudades. Pula, la milenaria capital administrativa de la región, enclavada en la punta sur de la península y, con sus 50.000 habitantes, la mayor ciudad de Istría, respira historia por todos sus poros. Gracias a su colección de ruinas forma parte de la lista Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La ciudad tiene una larga tradición en la fabricación de vino, pesca, construcción naval y desde hace años se ha convertido en un centro turístico de primer orden.

Pula es una ciudad relajada, tranquila, sin estridencias, ideal para el paseo, para saborear su espléndido pasado, para disfrutar de sus calles medievales, de su buen comercio, de una gastronomía muy italiana. Todo es agradable en Pula, en la que destaca por su tamaño un edificio, que domina la ciudad, visible desde todos los puntos cardinales: el anfiteatro romano, que data de la época de Augusto y Vespasiano en el siglo I d. C. Construido en piedra caliza, acogía torneos de gladiadores para 20.000 espectadores. Aunque los bloques que formaban los asientos fueron reutilizados para construcción durante la Edad Media, su estado de conservación es excelente y todavía se utiliza para óperas, torneos ecuestres, conciertos. Impresiona el anfiteatro por sus dimensiones y su belleza. Impacta el muro exterior que se eleva 30 metros, todavía intacto, y que está formado por dos hileras de 72 arcos de hermosa y reluciente piedra blanca.

Más allá del anfiteatro, todavía son visibles algunos lienzos de las murallas romanas, en cuyo extremo se levanta el arco del triunfo de Sergio, erigido en el 27 a. C. para honrar a tres miembros de esta familia. Allí se inicia la calle peatonal Sergijevaca que se adentra en el centro de Pula, en el antiguo foro, un céntrico punto de encuentro que ha sido el núcleo de la ciudad desde los tiempos de Roma. Allí estaban los templos y los edificios públicos, del que sólo queda en píe el templo de Augusto, construido entre el año 2 y el 14 a.C. Del Imperio Romano todavía son visibles la Puerta de Hércules, el Mosaico de Dirce y otras ruinas que van surgiendo durante la construcción de edificios nuevos. La mayor parte de las esculturas, lápidas y objetos encontrados en las excavaciones pueden contemplarse en el magnífico Museo Arqueológico.

Pula es romana pero, sobre todo, veneciana. Perteneció durante siglos a la ciudad de los canales. De esa época se conserva la fortaleza, construida en lo alto de una colina desde la que se divida la hermosa bahía. También la catedral de la Asunción, aunque su origen se remonta al siglo V, y la capilla de Santa María Formosa. En el Medioevo se construyó el ayuntamiento, que ha sufrido numerosas transformaciones hasta convertirse en un edificio en el que se aprecian una gran superposiciones de estilos arquitectónicos. También de la época data la iglesia y monasterio de San Francisco.

Pula atrae por su belleza, por sus magníficas playas, por sus cafés, por sus restaurantes y por la placidez que respiran sus encantadoras calles, sus viejas plazas y un entorno natural excepcional. El mismo entorno que envuelve la península de Istría, una región tan cercana y tan desconocida en los lares patrios.

Isabel Sagüés

Periodista

Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios