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El Ferrocarril a Bolivia

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
domingo 25 de julio de 2010, 19:39h
Estoy en un lugar en el que es muy improbable que suceda lo que en Casteldefels hace unas semanas cuando un tren arrolló a varias personas que se habían bajado de otro tren y cruzaron las vías ferroviarias. Es un país que completó sus 50.000 km de vías férreas a principios del siglo XX y que cien años después, contra toda lógica, la cerró casi por completo dejando un exiguo 20% habilitado.

Ahora es mucho más probable morir atropellado por automotores o en los propios coches. Es un país que tiene 7.880 muertos al año en accidentes de tráfico (cifra de 2009). Es un país inmenso, rico, con una grandísima producción agraria y ganadera que transporta sus millones de toneladas de mercancías por carreteras, angostas y colapsadas.

Un país que parece un continente por sus dimensiones, hace cien años, con la ilusión y el trabajo de sus inmigrantes prometía ser una gran potencia mundial. Su desarrollo fue tal que artistas e intelectuales de todo el mundo cruzaron continentes para ver qué se cocía por ahí. Vinieron a verlo con sus propios ojos y encontraron una nación joven llena de progreso y promesas.

El tren no solo fue un instrumento estratégico para la agricultura y el comercio, sino que fue la ocasión para que miles de inmigrantes fundaran nuevos pueblos entorno a sus estaciones y apeaderos.

Durante los años 90 y gracias a las políticas neoliberales de Carlos Menem se fueron cerrando poco a poco todas las líneas. La excusa fue que el sistema ferroviario ocasionaba grandes pérdidas al estado y además era ineficiente. Ante las protestas que se produjeron en toda la nación, el presidente proclamó en 1989 la frase: “ramal que para, ramal que cierra”. De este modo comenzó la privatización del tren que poco a poco supuso su total cierre.

Desastrosa década de los 90 que sin embargo los argentinos no olvidan. La movilización social y la sensibilización que despierta este tema es un punto de unión de toda la opinión pública.

Pueblos desiertos, infraestructuras suplantadas por carreteras peligrosas, desempleo, muerte y una ineficiencia infinitamente mayor del sistema de transporte son solo algunas de las consecuencias de este contrasentido de la historia.

Pino Solanas, director de cine y diputado nacional, hizo en 2008 el film documental “La próxima estación”, contando la proeza de la construcción del ferrocarril en Argentina y la infamia que supuso su cierre. Hoy, el fotógrafo Sebastián Marjanov, documenta con sus imágenes la decadencia de los pueblos y ciudades que unía el tren desde San Salvador de Jujuy hasta la frontera con Bolivia en La Quiaca. Opone su trabajo gráfico a una serie de imágenes de 1907 que documentaban la construcción de los últimos 290 km que unirían La Paz con Buenos Aires. Por oposición y contraste estas imágenes que componen el proyecto “El Ferrocarril a Bolivia” hablan del desmantelamiento de un país, de unos ideales que por mucho que prometían a principios de siglo, que por mucho que quisieran parecerse a Europa, hoy, no hacen sino parecerse más y más a Bolivia. Estas fotos constatan la bolivianización de la Argentina, más caciquista, feudal y desestructurada que su vecina indigenista, menos Europa que nunca, más olvidadiza que jamás.

Y eso que viene celebrando cual fascismo reencontrado un bicentenario que no fue, ya que debería celebrarse en el 2016 si a rigor nos remitimos, un bicentenario que despilfarra en fuegos artificiales, desfiles y limosnas lo que no logra gestionar una democracia moderna, no populista, no clientelista y social.

lacajadelostruenos@yahoo.es

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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