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El calvario del socialismo madrileño

martes 27 de julio de 2010, 08:16h
No pintan bien las cosas para Tomás Gómez. El todavía secretario general de los socialistas madrileños no sabe si continuaría en su puesto, de celebrarse hoy elecciones. Por un lado, las encuestas le auguran un futuro aún más negro que el de sus predecesores tanto en la carrera hacia la Comunidad como hacia el ayuntamiento de la capital. Por otro lado, ya es un clamor que en Ferraz no gusta su candidatura, hasta el punto de haberse llegado a filtrar que el propio Chaves ha pedido su cabeza.

Nada nuevo bajo el sol, por otra parte. Los problemas de los socialistas madrileños vienen de antiguo. Dos de ellos, además, con nombre y apellidos: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón. Ambos se han convertido en dos auténticos trituradores de candidatos, defenestrando políticamente a todos los que competían contra ellos -salvo Miguel Sebastián, premiado con una cartera ministerial por su amistad personal con Zapatero-. El otro gran problema tiene una doble vertiente: por un lado, la falta de candidatos socialistas con garantías en Madrid; por otro, los intentos de Ferraz interfiriendo en la vida interna de la FSM con “paracaidistas” que han acabado tornándose en sonoros fracasos. Por fin –y sobre todo- la hipoteca de la política nacionalista del socialismo español que pesa como una losa sobre todos los candidatos socialistas en general y, quizá, en Madrid muy especialmente: en este sentido, Tomás Gómez es una víctima más de ese viraje nacionalista contra natura del señor Zapatero.

Tomás Gómez tiene todo el derecho del mundo a postularse como candidato a la Comunidad de Madrid. Pero los datos son tozudos y, por mucho que logre revertir las encuestas, no parece que su eventual resultado electoral pueda siquiera inquietar a Esperanza Aguirre. Es más, todo indica que su descalabro sería aún mayor que el de sus antecesores. Así las cosas, es comprensible que desde Ferraz no quieran abordar un proceso de primarias para legitimar a un perdedor, con el consiguiente desgaste que ello supondría. No hay que olvidar la tremenda repercusión que tiene Madrid en la vida política nacional. De ahí que muchos pidan a Gómez que deje sitio a otros antes de inmolarse, y con él a los restos de un partido cada vez más débil en Madrid –un hecho, este último, que es una mala noticia para el funcionamiento del sistema . Pero, pase lo que pase, sería deseable que se arreglase desde dentro, y que Ferraz mostrase con los socialistas de Madrid el mismo escrupuloso respeto que tiene con otras agrupaciones regionales. Cataluña, por ejemplo.
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