Momentos argentinos
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
domingo 01 de agosto de 2010, 21:11h
Como postales para el recuerdo de un viaje inolvidable por las entrañas contemporáneas de esta nación, les entrego unas imágenes, al modo en que mi admirado Pla contaba sus pasos por la Cataluña subido en un autobús, cronista y narrador dejan que lo que les rodea hable por sí mismo.
Por sus carreteras interminables de una carril por sentido que atraviesan la inmensidad, las banquinas de medio país no dejan que el viajero se olvide de la civilización. Cual bandadas de pájaros de plástico en reposos, miles de bolsas de plástico reposan por los kilómetros de campo abierto que separan una población de otra. Como una forma de evitar que el observador olvide que allá donde hay naturaleza en estado puro, siempre puede venir el hombre, dueño y señor antojadizo y depredador, a ponerle fecha de caducidad a la propia naturaleza, poniéndole la mano encima y ensuciando, pervirtiendo la libertad que se intuye en la inmensidad de los paisajes, empeñado en poner cercos al campo.
En una ciudad en víspera de recibir a la primera dama y a su ejército de claqueadores (los que la aplauden en su mitin permanente, diga lo que diga), otro ejército improvisado maquilla la ciudad cuidando las plazas y calles que su señoría verá. Son las 10 de la noche, 5 personas se afanan en quitar el color negro de un andamio y ponerle un color plateado, están en plena plaza central de la ciudad. A la mañana siguiente el andamio está cubierto por una tela negra, no se ven sus hierros; cinco parlantes se apoyan en sus palos escondiendo con su ruido los gritos de otro pequeño ejército de niños que deambulan por los paseos de la plaza.
Desarrapados éstos, conducen carros con caballos cuando no tienen ni la altura para subirse a ningún tipo de transporte por sí mismos. Otros venden alfajores, fresas, frutas y caramelos en las narices de otro ejército, esta vez de policías, que observa con atención todo lo que sucede en la plaza, pero no hacen nada. Permiten el trabajo infantil, las infracciones de los infantes, ... no se vayan a fastidiar los festejos del bicentenario con un inoportuno escándalo. Los niños no tienen ley, pero tampoco tienen para comer; no van a la escuela y tampoco irán próximamente. Mientras, la realidad permanece pasiva y discurre de perfil para no tener que ver.
Durante 3 días, los periódicos locales articulan sus portadas especulando sobre quién acompañará a la primerísima en su histórica visita a la ciudad. Se rumorea por las calles que viene con un maletín lleno de guita que traerá más progreso a la Madre de todas las ciudades argentinas. Quizá con esa plata puedan construir otro edificio megalómano que vaya a conjunto con su nueva terminal de autobuses que más bien parece un aeropuerto internacional. Desde el anuncio de una comitiva con importantes representantes del gobierno se moviliza la población. Se sienten queridos, atendidos. Un día después la algarabía es mayor: viene con todo su gabinete y con su marido. Es el top de los tops. El pueblo la vitoreará como la nueva Evita que hace política a golpe de las cuatro M: maletín, mitin y miseria mantenida.
Buen viaje.
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Filósofa, profesora e investigadora.
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