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El PSOE teme mandar a la ministra a la oposición en Madrid

Gómez retrasa el regalo envenenado de Zapatero a Jiménez

sábado 07 de agosto de 2010, 17:26h
Gómez y Jiménez, en la conmemoración del 2 de mayo, en 2009. Manuel Engo.

Los españoles puntúan su gestión con un 3,90 en el último barómetro del CIS. Sexta ministra mejor valorada. Trinidad Jiménez es la candidata de Zapatero para intentar arrebatar a Esperanza Aguirre la Comunidad de Madrid. Todo se hunde para Tomás Gómez, se desmoronan los apoyos y se aglutinan en torno al mensaje del líder supremo. Sólo unas primarias pueden situarle en igualdad de condiciones, pero la votación está también prácticamente perdida. Su relación distante y en ocasiones tirante con José Blanco y en esta última etapa con el propio presidente del Gobierno han alejado a Gómez de sus aspiraciones en la misma medida que la cercanía y la lealtad acercan a la ministra a las autonómicas. Sin embargo, los socialistas no tienen claro que Jiménez vaya a ser el revulsivo que necesitan en Madrid. Dudan que pueda arañar poder al Partido Popular. Temen que salte al vacío: de Sanidad a la oposición.

Vinculada a Nueva Vía, respaldó a Zapatero en las primarias que le auparon a la Secretaría General del PSOE. Desde ese momento, el ascenso no se detuvo hasta llegar al Consejo de Ministros. Camino inverso el de Gómez, considerado “amigo” de Zapatero cuando en 2007 pasó a ser líder del PSM y que, seguro de sus posibilidades, descuidó las alabanzas y el agradecimiento que quizá el presidente esperaba. Ahora, Gómez se encuentra en un callejón sin salida y sólo tiene dos opciones: dejar hacer a Ferraz y apartarse de la carrera hacia la Comunidad de Madrid o, pese a las órdenes de arriba, precipitar unas primarias que el PSOE quiere evitar a toda costa, pues, como ha recordado esta semana Pedro Castro, darían lugar a dos meses infructíferos, dañinos para el partido y restarían opciones al vencedor, dada la proximidad de la cita con las urnas.

Gómez está acorralado. Blanco estaba molesto, pero él no reaccionó. No cedió. La sangre llegó al río y fue el presidente quien tomó las riendas. Entonces, todo su aparato se puso manos a la obra y en la misma dirección: “Mi valoración de Trinidad Jiménez es muy buena. El PSOE va a intentar cambiar cosas en la Comunidad y lo hará con los mejores ”, dijo Zapatero. “Coincido de la A a la Z con lo dicho por el presidente”, afirmó Blanco. Faltaba Pajín, la ‘número tres’. Sin sorpresa: "Cuando el secretario general habla, no le quito ninguna coma ni le pongo ninguna otra".

Frente nacional cerrado, faltaba el autonómico y local. Habló Manuel Chaves y destacó el “gran peso” que daría Jiménez a la candidatura del PSM. Pedro Castro no tardaría, horas después, en animar a Gómez a “dar un paso atrás” si alguien en el partido tiene más posibilidades que él y a “anteponer los intereses de la formación a los personales”. Cercado por los poderes y apoyados estos poderes por los subordinados, a Gómez sólo le resta dar su brazo a torcer o ser visto por los suyos como un lastre para los progresos del PSM en Madrid.

El PSOE debe actuar rápido, las encuestas no llaman al optimismo. El grueso de los sondeos indican un leve retroceso del Partido Popular, que conservaría la mayoría absoluta, el mantenimiento de los socialistas, con alrededor de un 32 por ciento de los sufragios, y una incursión destacada en la Asamblea de UPyD, próximo a IU. Con este escenario, una recta final de campaña marcada por problemas internos y no proyectado a los madrileños, opina un diputado socialista de la Asamblea, no haría más que restar votos. Ni los casos de supuesto espionaje, ya cerrado, o ‘Gürtel’ han logrado derribar el poder de Aguirre. Esta misma fuente explica esta falta de castigo a asuntos judiciales en dos puntos: “el PP cuenta con un electorado fiel, no así el PSOE; segundo, en el PP no hay desgaste porque no hay alternativa, igual que ocurre en Valencia”. Así, desde el propio PSOE son conscientes de que no han sabido llegar al madrileño –y valenciano- en los últimos años, con lo que, indirectamente, han fortalecido al principal rival.

En este capítulo de la interminable historia, presentarse como alternativa al Gobierno de Madrid sin haber ordenado antes los asuntos domésticos inquieta sobremanera en Ferraz, no menos en Moncloa. Es por ello que Zapatero ofrece a Trinidad Jiménez un regalo envenenado. Nadie duda del riesgo de que la ministra acabe siendo líder del principal partido de la oposición en la Comunidad. Ya ocurrió en 2003, cuando Alberto Ruiz-Gallardón le arrebató la Alcaldía con holgura.

¿Puede Trinidad Jiménez arrebatar Madrid a Esperanza Aguirre? Primero, el PSOE debe sobrellevar la crisis de descabalgar a Tomás Gómez y hacer el menor ruido posible, algo ya improbable. Una vez esté Jiménez en disposición de disputarle Madrid a Aguirre, si tiene tiempo, debe establecer alianzas de cara a futuros pactos, pues debería presidir la Comunidad en minoría. Su única baza es intentar que el PP no supere el 50 por ciento de los escaños en las urnas. UPyD jugará un papel vital en esto; IU se presume más sencillo. Sin embargo, cuatro años también turbulentos en casa del vecino, el PP, no han logrado hacer temblar los cimientos de una mayoría abrumadora de Esperanza Aguirre que en Génova celebran como una de las grandes conquistas del partido. Queda sólo por resolver aún una pregunta que sólo sabría responder la interesada: ¿Aceptará Jiménez el reto?