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Las cualidades del político

miércoles 04 de agosto de 2010, 22:23h
Con ocasión del V Congreso Latinoamericano de Ciencia Política de ALACIP, que se celebró en Buenos Aires entre el 28 y el 30 de julio pasados, me fue dado asistir a la conferencia dictada por el profesor español y eminente latinoamericanista Manuel Alcántara quien se refirió al estudio de “la profesionalización de la política”, tema sobre el cual, nos decía, existe un déficit notable de investigación que contrasta con la proliferación de trabajos dedicados, entre otros, al campo institucional.

Al término de la conferencia, y a raíz de una infaltable alusión a la figura de Maquiavelo, recordé algunos títulos que, desde El Príncipe en adelante, contribuyeron a cimentar en mí cierto escepticismo con relación a la posibilidad de que entre los políticos profesionales prevalezcan conductas subordinadas verdaderamente a la moral.

Como nadie ignora, Maquiavelo enseñó que el mal es un ingrediente constitutivo de la política y hasta más “real”, por así decirlo, que el bien. No porque deba ser así sino porque un examen objetivo de los hechos y de la naturaleza humana lleva a concluir que es así. Empero, si no es posible reclamar una moralidad ejemplar (bajo la forma, por ejemplo, de honradez y veracidad) al común de los políticos, ¿qué puede en cambio pedírseles? Creo que el ensayo de Ortega y Gasset titulado “Mirabeau o el político” continúa ofreciendo no pocas claves a este respecto.

Mencionaré solamente algunas: capacidad de organización, fertilidad y relevancia de los proyectos, previsión de los acontecimientos, entereza y serenidad frente al peligro, magnanimidad y, asimismo, una nota de intelectualidad o intelección que viene a coronar la figura del político y que en rigor no debería faltarle. De ahí que Ortega afirme: “No se pretenda excluir del político la teoría, la visión puramente intelectual. A la acción, tiene en él que preceder la contemplación: sólo así será una fuerza dirigida y no un estúpido torrente que bate dañino los fondos del valle. Lindamente lo dijo, hace cinco siglos, el maestro Leonardo: La teoría è il capitano e la prattica sono i soldati”.

Huérfana de tales cualidades, nuestra vida pública se vería sustancialmente mejorada si ellas empezasen a cundir y a presidir las acciones de quienes han elegido la política por profesión. No sé si la decencia ganaría también espacio, pero estoy seguro de que gradualmente disminuiría la vulgaridad.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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