Filósofos que se hacen III. Un verano buscando la verdad
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 07 de agosto de 2010, 15:17h
Estar de vacaciones se supone que es una situación en la que se debe uno relajar, disfrutar con la vida mundana y olvidar los quehaceres que nos ocupan el resto del año. Sin embargo, hay algunos que no se las toman. Véase nuestro presidente del gobierno, el señor ZP que no abandonará su palacio; ya tendrá tiempo de viajar y relajarse cuando sea expresidente. Otros prefieren reflexionar sobre el año transcurrido y sacar alguna enseñanza: dicen que de la experiencia se aprende. Pero de la experiencia que se reflexiona se aprende todavía más.
Viajando pasan otros muchos sus vacaciones, y aunque los periódicos rellenen sus páginas localizando en el mapa paraísos sin abarrotar, playas desiertas y locales con encanto donde no hablan al visitante, son paraísos que durarán solo una temporada y que el verano que viene estarán llenos, imposibles de visitar y perdiendo su encanto a zancada limpia. Virtudes del periodismo ciudadano.
Otros sin embargo, no necesitan vacaciones, porque viven de otro modo. Aunque parezca increíble, hay sabios que viven cual Diógenes en los límites de la realidad, en las fracturas y fisuras donde muchos buscan la verdad: ese es su hábitat natural. Sabios de calle y mesa, de botella de vino y verborrea rica, llamativa, provocadora que no buscan la verdad porque viven en ella; no buscan convencer porque están convencidos de que no hay nada que buscar: su secreto es saber vivir y compartirlo. Hay un Diógenes en un lugar de la Argentina cuyo nombre no quiero acordarme (para que no deje de ser un paraíso) que piensa que cuando un ser humano piensa algo, lo está transmitiendo cual telepatía humanista al resto de la humanidad. Esto explicaría que dos o más personas puedan tener ideas similares en puntos inconexos del mundo simultáneamente. Telepatía y comunidad de la palabra, comunidad de bienes y de alegría de vivir. Una verborrea capaz de citar al histórico Diógenes 3 veces por minuto y de argumentar lo mismo de forma opuesta contando dos historias a la vez. Me pregunto cuántos cínicos modernos habrá por el mundo gracias a su buena cabeza y su generoso pensar. Me pregunto qué sería del mundo si hubiera más cínicos y menos materialistas.
Prodigios de la naturaleza: el paraíso innombrable y su Diógenes.
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Filósofa, profesora e investigadora.
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