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Las vacaciones

lunes 09 de agosto de 2010, 20:03h
Las vacaciones son la presencia actual de unas imperiosas necesidades tradicionales, que se disfrutaban tradicionalmente, en familia. No siempre su cabeza disponía de tres meses de asueto y se veía obligado a reunirse con los suyos algunos días de la semana para él laboral.

De las separaciones familiares veraniegas nacieron los “Rodríguez”, aquellos que buscando calor humano que calmase su soledad, debida a que suegros, mujeres, hijos, disfrutaban de otro calor, el de las altas temperaturas del estiaje.

Durante mi niñez no conocía el callos diálogos en la comedía costumbrista. Pero si a otros personajes, las “catalinas” que llegaba a las `layas como terapia. Vestidas de negro viuda o de alivio desde los pañuelos que cubrían sus cabezas hasta los tobillos, arremangaban las faldas hasta la rodilla e introducían sus pies en la mar. Debían hacerlo en días alternos para mayor eficacia de aquellas terapias balnearias.
Los veraneos actuales no están sometidos a las reglas habituales. Los adolescentes vacacionan, y de paso estudian el inglés, en la verde Irlanda. O emprenden la aventura tailandesa que lo que de verdad importa son las playas de Tapaya. A nadie apantallas contándole tus veinte días en La India ni mostrándoles y vera efigie con fondo de la gran muralla chinorri.

Tengo amigos que pasan los veranos en lujosos yates de los que son una especie de polizones con invitación de los propietarios. Invitar incesantemente e cosa que da prestigio, también puede decirse “pote” a los anfitriones, casi siempre hijos de papá sacrificado que pocas veces se ve correspondido por sus herederos.

Las vacaciones se han metamorfoseado. Son viajes planeados, intercambios familiares, becas Erasmus o lugares con leyenda.
Los veraneantes de hace unas décadas eran fijos de la Costa Brava, de la de la Muerte (Finisterre) de las estribaciones astures o las de esa milagrosa Cantabria, de los pueblos vascos y algunas familias, las más audaces, se ubicaban en costas sureñas o levantinas, hermosas; pero a prueba de termómetros.


Por distintas razones, la salud en mi caso, escojo la madrileña “Costa de la Prosperidad”. El calor me puede y estoy en constante comunicación con el “parsasonic” que me alivia de mis calores.

(En mis recuerdos, el veraneante que se encerraba durante una quincena en su casa, Amorenado de frasco o rayos uva, reaparecía y contaba sus felices vacaciones).

Por cierto. A todos ustedes ¡felices vacaciones!.
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