Procrastinación
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
jueves 12 de agosto de 2010, 19:14h
La “procrastinación”, un término mucho más extendido en la lengua inglesa –procrastination– hace referencia al aplazamiento, la postergación, el dejar las cosas para más tarde. Y es increíble que nos resulte una palabra tan ajena, teniendo en cuenta lo connatural que es al ser humano, como bien apunta la psicología. Diferir una tarea en el tiempo es un vicio muy extendido que lucha contra la racionalidad de las decisiones, pues en muchas ocasiones preferimos llevar a cabo esta moratoria aunque en términos absolutos conlleve mayor trabajo.
En la base de la procrastinación está la satisfacción inmediata de los deseos. La falta de capacidad de sacrificio y de imaginación de escenarios posteriores de saturación nos llevan a la irresponsabilidad y el acomodamiento. Esta falta de resolución es la que nos lleva abusar del “ya lo haré luego”, “lo dejo para otro día” y el famoso “mañana, mañana...”. Para que luego digan que sufrimos de un grave presentismo y que negamos el futuro.
Personalmente creo que este tipo de actitudes están relacionadas también con la sucia manía de esperar que las cosas se resuelvan por sí mismas o dejar que los problemas los solucionen otros. Procrastinar al fin y al cabo es maltratarnos delegando en un ego con diferentes coordenadas espacio-temporales aquellas tareas que no queremos hacer,
Y quizás me tomen por un loco, pero la postergación está en el mismo núcleo de algunos de los problemas más graves del mundo, desde los financieros hasta los ecológicos. La deuda no es más que el aplazamiento de un pago en el tiempo para poder disfrutar con inmediatez de un bien o servicio. La crisis ecológica generada por un perverso ciclo de producción, consumo y desecho tiene su origen en la irresponsabilidad del mantenimiento de modelos económicos que se limitan a crear problemas que ya solucionará otro. Tanto los actores individuales (hipotecados y otras víctimas financieras) como colectivos (gobiernos e instituciones) se encuentran ahora rodeados por una maraña incomprensible que amenaza con dejarnos con el barro hasta el cuello.
Sabemos perfectamente cuáles son nuestras tareas pendientes, pero somos tan estúpidos y cobardes que no movemos ni un dedo. El capitalismo salvaje nos ha dejado un embarazo no deseado y ahora nadie quiere encargarse de lo que se avecina. Probablemente nuestro subconsciente nos susurra al oído que si esperamos un poco ya moriremos o finalizará nuestra responsabilidad en un cargo público y entonces podremos dejar en herencia a las futuras generaciones un planeta y una sociedad que parecerán un irresoluble cubo de Rubik. Quienes están más cerca de abandonar este mundo piensan que son demasiado mayores para hacer algo, quienes acaban de llegar piensan que son demasiado jóvenes y están contagiados por un espíritu estético-instintivo, y el resto está demasiado ocupado con sus propios problemas.
Hagamos caso del sabio refrán “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” y comencemos, no ya por cambiar, que parece que es pedir demasiado, sino por desear el cambio.