BEJA O LOS AMORES DE UNA MONJA PORTUGUESA
viernes 14 de marzo de 2008, 21:50h
"Os escribo por última vez, y por la diferencia de los términos y del estilo de esta carta espero haceros comprender que al fin me convencisteis de que ya no me amáis, y que así, pues, y también he de dejar de amaros." Así se inicia la quinta y última carta que compone el librito Cartas portuguesas que apareció en París en 1669 y que la historia o la leyenda atribuyen a Mariana Alcaforado, monja portuguesa del convento de la Concepción de Beja.
Se da por hecho que Doña Mariana vivió una apasionada historia de amor con el capitán del ejército francés Noël Bouton, conde Chamilly, a quien conoció mientras su ejército apoyaba entre 1660 y 1667 a los portugueses contra España en la llamada Guerra de Restauración. Al menos gracias a estas cartas Beja, tan alejada del mundo, es famosa en círculos literarios ya que la obrita se ha convertido en un clásico de la literatura romántica.
Las cartas de la monja, de noble cuna y que vivió toda su vida en el convento, nos sirve de excusa para viajar a Beja, situada en el Alentejo, la región al otro lado del fronterizo Guadiana, de llanuras onduladas abrasadas por el sol, cruzadas por sierras bajas entre campos de trigo y olivares. Una de las regiones más hermosas y auténticas del país vecino, incontaminada por el turismo e ignota para los españoles. Una región del Portugal tradicional que se resiste a desaparecer con sus costumbres y sus buenas maneras, que sigue manteniendo una atmósfera tradicional, tranquila, provinciana incluso, que todavía no ha sido devorada por un progreso uniformador.
A mitad de camino entre Lisboa y Sevilla, los pueblos del Alentejo, muchos de ellos amurallados, son de calles estrechas, casas encaladas y revestidas con azulejos que hablan de la influencia de los musulmanes que llegaron a la zona con los Omeyas. Pero en Beja la historia se remonta más allá, a los celtas y, muy especialmente, a los romanos, cuando en el 48 a.C. fue llamada Pax-Julia por Julio César que la convirtió en capital de la Lusitania.
Situada sobre una colina en estratégica posición defensiva, Beja, hoy pequeña ciudad de poco más de 20.000 habitantes, cuenta con un cuidado patrimonio artístico en el que destaca el castillo, construido por el rey Don Diniz en el siglo XIII, y su torre del homenaje, la más alta de Portugal con sus 40 metros, es el símbolo de la ciudad. Una ciudad abarcable desde la céntrica Plaza de la República donde se encuentra el pelourhino de estilo manuelino, con varias iglesias dignas de ser visitadas como la Misericordia, del siglo XVI, la de Santa Maria, con aspecto de fortaleza, y la ermita de San Andrés que data del siglo XV, un raro ejemplar del gótico-mudéjar. El antigua convento de San Francisco, también iniciado en siglo XIII, es hoy una cómoda pousada.
El convento de Nossa Señora da Conceiçao, al cual pertenecía Mariana Alcaforado, alberga el Museo Regional. El edificio fue construido en el siglo XV y es una magnífica muestra arquitectónica del gótico florido que en Portugal se conoce como estilo manuelino. Hermosos azulejos mudéjares sevillanos del XVI decoran el claustro y la sala capitular. En su interior se expone una amplia colección de arte religioso, pintura, piezas arqueológicas y porcelanas. Pero sobre todo, destaca la reja a través de la que la enamorada monja vio por primera vez a su caballero.
En los alrededores se pueden visitar el hermoso pueblo de Alvito y la villa romana de Sao Cucufate en Videgueira, y un poco más lejos, la costa, poco urbanizada, con sus playas salvajes, que se extienden abiertas y ventosas al Atlántico con el Cabo Sines y Vila Nova de Milfontes como pueblos destacados.
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Periodista
Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
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