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Abrir el melón

viernes 14 de marzo de 2008, 22:06h
Nadie es capaz en estos momentos de vaticinar si Unión Progreso y Democracia, el partido que encabeza Rosa Díez e inspiran filósofos, escritores, arquitectos y profesionales, tiene algún futuro o se trata apenas de una aventura política más de cuantas han marcado la transición en España y que después desaparecieron en la marabunta política sin pena y, sobre todo, sin gloria.

Rosa Díez dijo cuando conoció los excelentes resultados de su modesta formación que había necesitado el mismo número de votos que el Partido Nacionalista Vasco o el Bloque Nacionalista Gallego o la Coalición canaria para lograr su escaño.

Mírese desde donde se mire se trata de una anomalía tanto electoral como política. Ni el proyecto ideológico de Rosa y sus amigos ni las consecuencias que para algunos partidos tuvo su presencia en las pasadas elecciones merecen algo semejante: no tanto por el número de votos como por la calidad y ubicación de los mismos.

Sinceramente en una democracia consolidada no es serio que un diputado "cueste" noventa mil votos en Madrid y otro quince mil en una ciudad de provincia. Algún día alguien tendrá que echarle coraje y terminar con esta anomalía.

Lo que resulta curioso es que los primeros que deberían estar dispuestos a denunciar una situación tan absurda -y consagrada por la Ley Electoral vigente- se acoquinen cuando se trata de reformarla. Es como mentar la bicha. Al final todos callan, disimulan, miran hacia otro lado y las cosas siguen como están.

"No abramos el melón porque..." Vienen a decir. No lo abren, naturalmente y las cosas quedan como están.

El melón, piel de sapo -que son los mejores- sigue sin que nadie tenga el valor de sacar la faca y abrirlo de un tajo. Sube entonces un olor de frescura y humedad: en el interior del melón hay sobre todo promesas de sabores, recuerdos de la niñez y de los campos calcinados de Castilla, ese océano de cuero del que hablaba Neruda.

La limitación, guste o no a los grandes partidos, es una barbaridad antidemocrática o sólo sirve para que aquellos partidos o formaciones políticas liliputienses, pintorescas o disparatadas tengan existencia real y voz y voto en las Cámaras.

"Abrir" el melón significaría que algunos grupos como el de Rosa Díez, que constituyen una original contribución a la convivencia democrática en España aportarían al panorama electoral español una riqueza y variedad que hoy ni tiene ni hay posibilidad alguno de que tenga.

No conozco a Rosa Díez y sinceramente no voté su alternativa ni es verosímil que en el futuro lo haga pero nadie puede echarle en cara que no se haya "trabajado" la vida política durante estos años.

Por hacer, ha hecho de todo: se presentó como candidata a la secretaría general del PSOE, que ganaría Zapatero, ha sido eurodiputada tras una campaña activa y trabajosa, fue consejera de un gobierno regional (de Turismo, creo recordar) y lo hizo estupendamente. Y, lo que tal vez tiene más mérito que todo esto durante su esforzada vida política y pública, se opuso críticamente al poder irrevocable del nacionalismo vasco, algo para lo que hay que tener coraje y sensibilidad en Euskadi.

Ahora Rosa Díez estará en el Congreso de los Diputados. Es una buena, excelente noticia.
Sea cual sea su labor futura -y es imposible preverla- su presencia enriquecerá a la Cámara.

Puede suceder, desde luego, que se limite a tocar el timbre o a seguir disciplinadamente las órdenes de los dirigentes máximos de los partidos hegemónicos. Pero es poco probable. Hasta ahora este tipo de diputados han sido una voz alerta y rebelde en el maremagno del Congreso que a veces se parece bastante a un rebaño de disciplinados funcionarios un tanto somnolientos.

Y ya que hablamos de temas agrarios, volvamos al melón. ¿No habrá nadie capaz de abrirlo de una puñetera vez y ofrecerlo al viandante como hacen los tenderos de Villaconejos en las lindes del río Manzanares cuando llega el verano? Ojalá alguien en la legislatura que ahora empieza tenga el coraje y la imaginación de sugerirlo y plantearlo. No será fácil. Mejor dicho, actualmente es casi imposible. Pero alguien algún día sacará la navaja y abrirá la fruta hasta ahora prohibida. Algo brillará entonces entre los trigales de la aburrida política española.

Alberto Míguez

Periodista

ALBERTO MÍGUEZ es periodista

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