Ortega y la religión
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 14 de marzo de 2008, 23:14h
En estos momentos de cuestionamiento de la enseñanza de la Religión y de clara persecución a la Iglesia, deberíamos volver a los textos de Ortega. El gran filósofo español veía a la religión como un sentido natural del hombre, parangonable al del olfato, el tacto, la vista o el oído (y con esto parafraseaba al "Adoro te devote", de Santo Tomás, al que sabía recitar de memoria sin ser católico). Consideraba que existe un núcleo transcientífico de todas las cosas que sólo se puede percibir con el "sentido religioso". En plena IIª República - que él mismo ayudó a alumbrar en primerísima línea - se atrevió a decir que la Iglesia era la más potente institución de cultura y que sólo es anticlerical el que no puede ser otra cosa, siendo una manifestación de ínfima cultura. Cuando sostenía que el Estado debe ser rigurosamente laico, se apresuraba a decir que ello significaba ser simplemente un Estado Nacional, no identificando jamás el laicismo "con los mascarones de proa de un arcaico anticlericalismo". Afirmaba que el afán de comprender es toda una actitud religiosa y que la vida es el texto eterno, la retama ardiendo al borde del camino donde Dios da sus voces. "El espíritu religioso refiere el misterio que es la vida a misterios todavía más intensos y peraltados" ( Religión y Misterio ).
Dios en su ubicuidad fecunda concilia las partes y los puntos de vista de la Creación toda. Ortega decía que Dios, al estar en todas partes, recoge y armoniza todos nuestros horizontes. Los hombres vendrían a ser así los órganos visuales de la divinidad. Por eso las religiones no deben hacer lo contrario de Dios; deben integrar a todos. En todo caso, el punto de vista aislado, el hombre singular, se siente en su soledad como fragmento inválido de otra realidad compleja y suficiente, que es lo divino. Necesitaría siempre de la religión. Por eso el sentido casi fisiológico de la religión enseña - para el maestro madrileño - a vivir en cada instante más allá de esta vida y de la naturaleza, a transvivirnos en la forma de lo eterno. Esperemos que el nuevo Gobierno que forme Zapatero destierre los rancios reflejos anticlericales, que pertenecen a la extinta época de José Mª Blanco White.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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