Cossiga, ¿venerable o demonio?
Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 22 de agosto de 2010, 15:15h
Mientras el espectro de las elecciones anticipadas sigue vivo (¿diciembre? un cambio de Gobierno sería un bonito regalo de navidad, ¿verdad?), Italia llora la muerte de Francesco Cossiga, personaje político y octavo presidente de la República italiana. Cossiga representa uno de los personajes más polémicos y controvertidos de la historia italiana, que ocupó un lugar privilegiado en la vida socio-política del país: su figura está relacionado con los asuntos más trágicos (secuestro y asesinato del ex presidente de Gobierno, Aldo Moro, en 1978), turbios (la operación Gladio, organización paramilitar instituida pare contrarrestar la “peligrosa” avanzada del partido comunista italiano), dramáticos (la bárbara represión en la primavera de 1977 de los movimientos estudiantiles y obreros de extrema izquierda, tanto que su nombre se escribía KoSSiga) y sorprendentes (Manos Limpias y el derrumbe de la primera República).
No se trata de escribir una necrología ni de intentar hacer un balance de su actividad política -de esto ya se han ocupado la mayoría de los periódicos italianos-, sino de reflexionar brevemente sobre su figura. Durante su mandato presidencial (1985-1992- le tocó ser el “Caronte” entre la primera y la segunda República), Cossiga actuó como un verdadero terremoto político-institucional, criticando la clase política nacional, hendiendo “picconate” (golpes de picos) a la corrupta clase política nacional. Ocupó todos los cargos más importantes (diputado, Ministro de Interior, Presidente del Gobierno, del Senado y de la República, senador vitalicio) y, junto con Ciampi y Andreotti, ostenta un “cursus honorum” resplandeciente e irrepetible.
Polémico, anticonformista, partidario del Partido Nacionalista Vasco, Cossiga nunca pasaba desapercibido, animando polémicas y mostrando constantemente el ambigüedad de su personalidad: con su peculiar acento sardo, atacaba, indistintamente, ex compañeros de la Democracia Cristiana (muchas veces con razón) y alababa miembros de la oposición (muchas veces sin razón –léase D’Alema). Merece la pena recordar que fue el único representante de la DC que asumió la “responsabilidad” de la muerte de Moro, dimitiendo del cargo de Ministro de Interior y afirmando póstumamente (febrero 2001): “no sé si los otros miembros del partido eran conscientes de que le estábamos condenado a muerte. Yo sí…” (sobre su decisión de no tratar con las Brigadas Rojas).
Protagonista de medio siglo de vida italiana, su muerte ha provocado varías reacciones: retórica y prejuicios dominan las palabras y las páginas de los periódicos. Anécdotas, imágenes estereotipadas del personaje, cuentos misteriosos y lugares comunes sobre una figura poco común se alternan, haciendo de Cossiga a veces un santo y otra un diablo, un patriota venerable, un cristiano ejemplar y un gran amigo de Estados Unidos o un criminal perverso, un cínico aprovechado. Hombre de misterio, “omertoso” (silencioso, ya que calla sobre unos acontecimientos tan importantes para comprender la historia de Italia), artífice de “cualquier infamia”, peligroso narcisista o persona de gran inteligencia, “salvador de la patria”, político de gran calado: difícil hacer un retrato de un personaje tan complejo, además de inútil y reducido.
No sabemos si es verdad que se ha llevado a la tumba unos cuantos secretos de la primera República italiana; lo que es cierto es que ha sido un personaje fundamental en la vida política italiana, figura esencial del último medio siglo de Italia. Entre tantas frases celebres, la que mejor caracteriza el personaje fue en 1990: “No estoy loco. Me hago el loco. Soy el falso loco que cuenta las cosas tal como son”. Un falso loco que ha marcado de verdad la historia de Italia.
|
Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
|
adonofriohotmailcom/9/9/17
|