Automoribundia
lunes 23 de agosto de 2010, 17:57h
Leo y lean: “Todo lo que no es tradición es plagio”. Pongo coda: “Todo lo que no es autobiografía carece de fundamento”. Todo escritor (léase el que se dedica al oficio de escribir) que desea contar la Historia se autobiografía al alimón que disecciona a su personaje. Menéndez Pidal quiso ser su personaje: el Cid. Gamallo Fierro o el poeta Rafael Montesinos estaban convencidos de que eran gemelos univilinos de Gustavo Adolfo Becquer y Valle Inclan se anticipó al Real Decreto que lo identificaba con su primer yo: el Marqués de Bradomín.
La Historia está para leerla, pocas veces sirve lo escrito para conocerla. Los deseos de objetividad no son más que la afirmación de que lo que cada uno opina “va a misa”. Así Napoleón es, ni más ni menos, que el personaje que nos presentan sus biógrafos. ¿Cuántos Francisco Franco nos encontramos en contradictorios dictámenes en torno al ya descabalgado Caudillo?.Nerón, el urbanista que salvó a Roma del desastre incendiándola, Calígula, que hizo cónsul a su caballo, Julio César son los que más se aproximan en sus biografías a si mismos.
Pretendí, y “lo que no puede ser no puede ser y además, es imposible (Dixit “El Guerra”) y asume ocurrió con mi carné de notas con las que aspiré a que fuesen autobiografía de mi automoribundia. En la dedicatoria que me firma Vindimial Aldea en uno de sus libros, me recuerda que un día de dolor escribí:
“No se puede escribir mientras se llora”
Palía mi esperanzada desesperanzada el equipo médico, Rufillanzas y su cuadrilla de maestros: Alberto Gil Forterza, el sirio Saib Bukdach, José Alvarez Abelló, anestesista que te transporta al séptimo cielo.
Y te despiertas en la unidad de cuidados intensivos Una ventana que te acerca al paisaje de las afueras de Pozuelo de Alarcón. Y que te aproxima a la Ciudad de la Imagen, emporio de productoras de cine, salas de proyección, emisoras televisivas. Y, que no fallen, grandes almacenes. Y un hermoso gato negro que, desde fuera, recorre las habitaciones del hospital. Del que es tocayo porque el personal sanitario, que de él se ocupa, lo ha bautizado como “Quirón”. Mi amigo Santiago Garaballo, el veterinario sabio de los gatos y quien mejor escribe de ellos, seguramente lo hará protagonista de uno de sus relatos.
Marieta, secretaria cubana de Rufilanchas volverá, asomándose a otoño, renovada tras el viaje a su querida Cuba. Me pedir que vuelva a un nuevo encuentro con su jefe, la elegancia personificada hasta en el mínimo detalle de su atuendo descuidadamente cuidado según los cánones de la moda del buen parecer.Ya he recorrido sus relatos, podría merecerlos Julio Verne, de la cirugía del corazón. Seguramente los colocaré, con la dedicatoria y firma del autor, en la estantería en la que guardo una de mis primeras lecturas infantiles: “Corazón” de Amicci.