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Un bicentenario estimulante: las Cortes de Cádiz (2)

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 23 de agosto de 2010, 18:06h
Se concluía el artículo anterior con la ligera caracterización de los grandes bloques que iban a disputarse el predominio en el desarrollo de las sesiones de las “Cortes Generales y Extraordinarias”. No por ello, claro es, el tertium gaudens en esta partida, el gran número de diputados anónimos en su mayor parte para la gran historia y no vinculados, en un principio, ni a innovadores ni a conservadores —según una terminología con cierta vigencia en la historiografía de ha medio siglo, hoy caída en desuso en beneficio de los vocablos más tradicionales, pero también más inmatizados—, dejaba de presentar sus credenciales para participar en dicha confrontación, con talante siempre conciliador, ajeno a clanes y fratrías. De ellos, en efecto, dependería muchas veces el resultado final de las votaciones, siendo cortejados, consiguientemente, por unos y otros. De modo inexplicable para los llamados con posterioridad realistas, dado su talante prevalentemente conservador, se inclinarían de sólito por las mociones progresistas, por motivos en los que entraron diversos factores. Revelarlos documentalmente —si ello resulta posible (que es probable que lo sea)— constituye uno de los grandes retos de la investigación futura. Mientras tanto, apuntar a la capacidad suasoria —una facultad, a su vez, en la que entrarían muchos elementos: vigor expositivo, conciliábulos secretos, intensa actividad en pasillos, cafés, tertulias, periódicos y ¿logias?, etc.— y a la fuerza del ambiente frente a la grisácea atmósfera del mundo absolutista —sacristías, rancias mansiones, ¿salas de banderas?— como algunas de la causas que influyeron en gran medida en el triunfo de los liberales, no nos distanciará mucho de la realidad. Ésta, sin duda, como quiere un ancho círculo de conspicuos especialistas, se distinguió por su labilidad y apertura, con frecuentes situaciones paradójicas —votos inesperados, actitudes contradictorias, cambio de opciones y mentalidad— que invalidan a radice todo anacronismo de analizar el quehacer de los grupos y diputados a la luz de formaciones y disciplina de los actuales partidos políticos.

Gran o buena parte del sentido y comprensión de las Cortes ha de hacerse en clave cronológica, determinando la marcha del proceso transformador, según predominase el planteamiento reformista o el revolucionario, la toma de actitudes de las fluidas mayorías del Congreso y la posición de los diputados. La absoluta evidencia de ello no es óbice, sin embargo, para recordar que, si el clima general de consenso y esperanza de los comienzos de las Cortes —con las restricciones y salvedades antedichas— se mudó en el de crispación y desaliento en la mayoría de los diputados al término de su mandato, el fenómeno se debió al triunfo sin magnanimidad de una minoría que defraudó las expectativas de la obra integradora y del proyecto de futuro verdaderamente nacional albergadas por la masa anónima de los congresistas, que posibilitaron el triunfo de una de las dos minorías militantes, desde el primer momento, en el seno de la Asamblea.

En vísperas de la botadura de las Cortes la postura de los innovadores recibiría ya un significativo respaldo que haría caer las máscaras mantenidas durante dos años. Seis «de los más notables diputados», seleccionados por la misma Regencia para formar la Comisión de Poderes, rechazaron, el 21 de setiembre, su encargo de elaborar el reglamento de las inminentes sesiones del «Augusto Congreso de las Cortes», argumentando «la esencialísima diferencia de las Cortes pasadas y las presentes, aquéllas limitadas a la esfera de un Congreso Nacional del Soberano y éstas elevadas a las de un Soberano Congreso, cuyo nombre es el que legítimamente les corresponde más bien que el equívoco de Cortes». Bien explícito el significado de tal opinión —expuesta, por contera, por diputados no alineados en su mayoría en el bando liberal, pero ganados ya por un irresistible ambiente—, quedaría remachado en pocas horas en el acto inaugural de la Asamblea.
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