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El telescopio de Malevitch recala en Santander

martes 24 de agosto de 2010, 20:25h
No se puede entender el desarrollo del arte, ya sea en pintura, escultura o fotografía, sin prestar atención a las Vanguardias de los primeros años del siglo XX, con su cortejo sin fin de istmos del momento: cubismo, orfismo, planismo, verticismo, expresionismo, futurismo, constructivismo, suprematismo… De aquí el acierto de la Fundación Botín en Santander de organizar una Exposición que lleva por título El cosmos de la Vanguardia rusa. Arte y exploración espacial 1900-1930. Una retrospectiva que merece la pena visitar este verano y dejarse caer por la bella ciudad cántabra. Me siguen fascinando aquellos años que marcaron los derroteros plásticos y estéticos venideros, y que no hemos aún sido capaces de encerrar en el balcón de los recuerdos. Seguramente, por causa de su incuestionable modernidad. Y así siguen persiguiéndonos las mascaradas caras de Les Demoisilles d´Avignon de Pablo Picasso, o los objetivizados Círculos y Cuadrados, blancos o negros, de Kasimir Malévitch.

Pero, hablemos de la Vanguardia rusa, un movimiento escasamente estudiado en estas tierras, y menos representado aún en museos y colecciones particulares. Sólo de vez en cuando, como en su día en la Exposición que organizó el Museo Reina Sofía, la hoy auspiciada por la Fundación Botín, o algunas obras presentes en destacadas galerías internacionales que vienen anualmente a la cita de Arco, se pueden ver algunas piezas. Por cierto, Ansorena subastó hace unos meses algunas obras de dicho periodo, pero, que sepamos, no hallaron finalmente comprador. De aquí la oportunidad, sin tener que acercarnos al Museo del Hermitage en San Petesburgo o a la Galería Tretiakov en Moscú, de disfrutar de piezas tan caras de ver por aquí.

La Exposición reúne una amplia representación de los artistas del momento. Y así, partiendo del lejanísimo anónimo del siglo VI -con algunos añadidos del siglo XIX- Ascensión del profeta Elías en su carro de fuego, podremos detenernos en las carentes de título acuarelas de María Ender; en las acuarelas, temperas y gouches de Peter Fateev (deténganse en las Nubes y Composición); el inevitable Kandinsky, sobre todo con su Composición: óvalo gris; las geométricas Formas de Ivan Kudriashev, las evanescentes Fórmulas pictóricas de Pavel Mansurov, las cromáticas Construcciones musicales pictóricas de Mikhail Matihushin y las ilustrativas obras de Solomon Nikritin (me gustan las Composiciones con telescopio en lápiz; la llamativa Composición no objetiva de Olga Rozanova; sin dejarnos en el olvido, el cósmico Sergei Shigolev, las varillas y maderas de Vladimir Tatlin o el Vuelo en aeroplano del desasosegante Mikhail Plaksin. Menos interés despiertan, en cambio, las muy floridas y trabajadas obras de Pavel Filonov.

Pero de forma especial me detengo en tres de los iconos del movimiento vanguardista ruso. Me refiero a Natalia Goncharova, con sus Espacios y Círculos negros sobre fondo rosa, en los años cincuenta y sesenta. A la Esfera de color y círculo de Alexander Ródchenko. Y, por supuesto, en el modernísimo Kazimir Malévich. De Malévich tenemos la fortuna de ver algunas obras representativas del suprematismo. Son los casos de Pintura suprematista: rectangulo y círculo (1915), Círculo negro (1923) y cinco Composiciones suprematismas ejecutadas en lápiz sobre papel (1916-1917), así como un Diseño del telón para la Ópera Victoria sobre el sol (1928). Malévitch encarna la singularidad del proceso de creación y su vinculación con el cosmos, dada su empatía con los estudios sobre la electricidad, los rayos X y la fuerza de gravitación. Aparecen así, para quien se erige en “presidente del espacio”, el febrerismo, la idea de ingratitud, el término eclipse parcial/total, el colorarate. En tal cometido, cuando reside en Vitebsk, Malévitch nunca se separará de su telescopio de bolsillo, contemplando y escrutando pacientemente el cielo y las estrellas.

Y no soy desde luego, ni mucho menos, el único al que le gustan las Vanguardias rusas. Este verano, mientra leía una excelente recopilación de escritos del pintor Luis Gordillo, agrupados en un libro bajo el epígrafe de Little memories, encontré dos máximas que refrendan lo mantenido. La primera de ellas señala místicamente: “Por la vanguardia hacia Dios”. La segunda, también sin tapujos, llega a decir: “En otra vida me gustaban Malevitch y Kandinsky, no en esta.” Ustedes tienen también la palabra.

Pedro González-Trevijano

Catedrático de Derecho Constitucional

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