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Carlomagno en Roncesvalles

viernes 27 de agosto de 2010, 18:26h
La literatura épica nos ha legado fascinantes narraciones de hechos históricos que nos adentran en gestas excepcionales, en míticas batallas, en traiciones y heroicidades. Una sorprendente y bella literatura, espléndida en ocasiones, que nos remite a fragmentos de nuestro pasado. Una de las cumbres de la epopeya literaria es la Chanson de Roland, obra francesa y anónima del siglo XII, joya de la literatura universal que narra la estrepitosa derrota sufrida por Carlomagno, el emperador del Sacro Imperio, en los alrededores de Roncesvalles.

Hace ahora 1.232 años, el 15 de agosto del año 778 para más señas, Carlomagno y su ejército volvían a casa tras intentar someter al emir de Zaragoza. La retaguardia acampó en el estrecho valle conocido hoy como Valcarlos, un abrupto desfiladero que une la frontera francesa con el alto de Ibañeta donde fueron atacados por sorpresa por vascones o sarracenos, que en esto ni la historia ni la leyenda se ponen de acuerdo. Allí quedaron desbaratadas las huestes de Carlomagno que perdió a Roland, el mejor caballero de su ejército y a los doce pares de Francia. La Chanson inmortalizó la muerte del paladín francés en un tono épico, Idealizador, hasta convertirlo en un mito del Medioevo ya que la obra fue un éxito en toda Europa gracias al excepcional transmisor cultural que fue el Camino de Santiago.

En el collado de Ibañeta, un monolito recuerda la amarga derrota de los ejércitos carolingios. Hasta allí arriban los peregrinos jacobeos que ascienden desde Francia por el mismo escarpado desfiladero. Llegan sin resuello, agotados por el esfuerzo de subir un puerto de quince kilómetros, abruptos, ásperos, duros, que salvan un desnivel de mil metros. Poco después, el fatigado peregrino encuentra reposo en Roncesvalles, una hondonada al abrigo de Ibañeta, final de la dura etapa pirenaica e inicio del largo peregrinar del Camino Francés hasta los campos compostelanos del confín gallego. La leyenda y la propia Chanson sitúan en los alrededores de la Colegiata la derrota de los ejércitos carolingios y la muerte de Roland.

Este privilegiado enclave navarro es un regalo para la vista y para el espíritu, Una recompensa que cautiva a los caminantes con sus dulces paisajes de onduladas colinas tapizadas de verde, con prados de jugosa hierba donde pastan y corretean ovejas, vacas y caballos. Una vegetación exuberante perlada de frondosos bosques de hayas, robles, castaños, y fresnos que van hasta la hilera de montañas que se superpone hasta donde la vista alcanza, Un mundo de brumas, nieblas y nieves en invierno y de frescor umbrío en verano.

Roncesvalles, a 40 kilómetro de Pamplona y paso natural de los Pirineos desde los tiempos más remotos, nació en el siglo XI como albergue y hospital de peregrinos. Sorprende por su paisaje excepcional más propio de una postal, de tan irreal, de tan hermoso. Impresiona la imponente visión del magnífico conjunto histórico-monumental de le Real Colegiata con sólidos y austeros edificios, construidos en románico y gótico, que dan fe del pasado esplendor espiritual de Roncesvalles.

La iglesia de Santa María es sin duda el monumento más importante de la colegiata. Fue fundada por el rey navarro Sancho VII, apodado el Mayor por su envergadura física y sus hazañas en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 en la que arrebató al Califa Miramamolín las cadenas que protegían su tienda y la esmeralda que adornaba su turbante, desde entonces símbolos del escudo de Navarra. La construcción de la iglesia se inició en 1215 en el más puro gótico francés, el de la isla de Francia. Consta de tres naves y una cabecera decorada con vidrieras. Sobre el altar destaca la soberbia talla gótica de madera de la Virgen, hecha en Toulouse a mediados del siglo XIV, recubierta de plata y de una belleza excepcional

Sancho VII quería descansar eternamente en Roncesvalles. Desde el siglo XVII sus restos descansan en la Sala Capitular del siglo XIV. En 1912, fecha en que se conmemoraron los 800 años de la batalla de las Navas de Tolosa, se construyó en el centro de la capilla un sepulcro con la inmensa efigie del rey. En la verja de la capilla se pueden contemplar las cadenas que trajo como símbolo del triunfo cristiano en la decisiva batalla contra los almohades.

Otro edificio singular es la capilla de Sancti Spiritus, conocida como el silo de Carlomagno, el monumento más antiguo del conjunto. Primitivo hospital, según la tradición fue creado para enterrar a Roldán junto a los doce pares, si bien resulta difícil que así sea ya que el edificio data del siglo XII. De estilo románico, tiene planta cuadrada y cuenta con una bóveda de crucería. En el siglo XVII se le añadió un pequeño claustro. Contigua a la capilla, se levanta otra pequeña iglesia bajo la advocación de Santiago construida en el siglo XIII.

La visita a Roncesvalles acaba en el Museo-Biblioteca. En esta última se guardan importantes códices y miles de libros, vinculados en gran medida a la peregrinación jacobea. En el Museo se pueden admirar importantes objetos artísticos: esculturas, pinturas, orfebrería, muebles, tapices y monedas. Destacan una Sagrada Familia de Luis de Morales, dos hermosas arquetas de platas sobredorada fechadas en el siglo XIII, un evangeliario románico de plata del XII, un tríptico del Calvario de la escuela de El Bosco, varios relicarios y el denominado Ajedrez de Carlomagno, pieza gótica del siglo XIV hecha en madera y forrada con láminas de plata dorada, esmaltes traslúcidos y vidrio. También se guarda la esmeralda de Miramamolín.

En las afueras de Roncesvalles, la Cruz de Peregrinos da la bienvenida al viajero desde el año 1.321. Un monumento de piedra formada por una cruz tallada, con rosetones esculpidos en cada brazo y en medio de ellos un crucifijo y debajo la Virgen con el niño Jesús. No hay referencia a Carlomagno, pero en el aíre se percibe todavía el aroma de la gesta, el sonido de la derrota del emperador, el de la barba florida.

Isabel Sagüés

Periodista

Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO

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