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Del progreso y las catástrofes

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
lunes 30 de agosto de 2010, 16:48h
Es curioso como los seres humanos conseguimos hacer cosas alucinantes. Cuando esas cosas funcionan, lo llamamos progreso. Cuando no, lo metemos en el saco del mal irremediable e intentamos evitarlo.

Pero cuando nos ponemos a construir siempre nos olvidamos de construir a la vez el camino de retorno. Porque quizá no lo hay. Una vez que conocemos algo nuevo o que lo creamos, es casi imposible olvidarlo. La conciencia ahí nos juega una mala pasada. Es por este tipo de hechos que parece que Bergson tenía razón cuando aseguraba que el tiempo no era reversible y que a su vez, en su durar y desarrollarse, era creativo. Para ser más claros, no se puede volver atrás, y en el ir hacia delante, siempre creamos.

Esta reflexión podría quedarse en el ámbito de la metafísica e incluso de la física, pero aplicada a la tecnología desarrollada a nivel industrial este tema es una de las causas constantes de desastres provocados por los seres humanos: mineros atrapados a 700 metros bajo tierra que no pueden salir pero pueden chatear, ver videos y tomar pastillas sustitutivas del tabaco; millones de millas de mar están infectadas irremediablemente por petróleo puro y disolventes químicos gracias a un agujero que se hizo y no se pudo cerrar a unos 1.500 metros de profundidad.

De estos ejemplos se intuye que antes de hacer, es imprescindible analizar las consecuencias posibles en todas las situaciones límites que nos podamos imaginar. De este modo, quizá nadie hubiera inventado muchos artefactos, muchos hubieran tenido menos experiencias, menos vivencias, pero en cuanto a la tecnología se refiere, quizá viviéramos en un mundo menos tecnológico pero más sencillo, abarcable y menos catastrófico.

Dicho esto, parece evidente que ni el progresismo tecnológico ni una posición conservadoras son deseables en sí mismas ni por sus consecuencias, así que por qué no apelar a la sabiduría aristotélica y buscar el punto medio, reclamar una sinceridad en la ciencia y en las consecuencias de su aplicación tecnológica y mitigar así los intereses económicos e individuales que proponen, avalan, desarrollan y se enriquecen con las técnicas descontroladas de la ignorancia humana que producen catástrofes colectivas.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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