Ya no vale cualquier candidato: hay que hacerse con Madrid
miércoles 01 de septiembre de 2010, 21:13h
Presumimos en Madrid de ser un pueblo acogedor, que recibe con los brazos abiertos y una sonrisa a cualquiera que llegue a la capital y se instale en ella. De hecho, difícil sigue siendo encontrar a un “gato” con certificado de autenticidad, de esos que cuentan con antepasados madrileños que se remontan a más de una generación. Aunque aún queda algún castizo de esos que hablan cortando el final de las palabras y que, en vez de tomarse una taza de café, se echa un cafelito, un gran número de los empadronados en Madrid, se siente madrileño, sí, pero de adopción. Y eso, en realidad, es un auténtico chollo: uno puede presumir de vivir en la Villa y Corte con sus numerosas ventajas y, al mismo tiempo, pasar bastante de lo que ocurre, políticamente hablando, en la ciudad de acogida. Llegado el momento de la verdad, siempre declarará que el campanario de su pueblo nada tiene que envidiar a la Torre de los Lujanes.
Así es que cuando ya empiezan a sonar campanas de elecciones políticas en nuestra Comunidad, un importante segmento de mercado mira para otro lado. Lissa, ¿qué?, entonaba con gracejo esta mañana la frutera de un mercado del Madrid de los Austrias, cuando le preguntaban a quién iba a votar para alcalde de Madrid. A Gallardón, claro, la mujer le conoce de sobra, pero del otro hay que explicarle que es ese señor con recortada barba y gafas que siempre sale en la tele cuando hay alguna victoria deportiva, celebrando el acontecimiento aunque nunca se le haya descubierto con una buena sonrisa. Tampoco es que el actual regidor sea de esos que sonríe a diestro y siniestro. En eso, por lo menos, ya están empatados.
En cambio, a Trinidad Jiménez se la conoce bien en Madrid y no sólo porque sea la actual Ministra de Sanidad y a nadie se le escaparan sus anuncios de “vacuna para todos”, cuando hace un año andábamos con el miedo de la temible gripe A y ella nos tranquilizaba. Con su enfrentamiento con Gallardón para ganar la alcaldía hace unos años se dio a conocer a los paisanos que, muy en su papel de sacar punta a todo, fijaron su atención en la chupa de cuero con la que se disfrazó para los cárteles de propaganda. Trinidad sí es de las que sonríen al pueblo con espontaneidad y sin disimular su acento malagueño, pero, como en el caso anterior, en eso empata con su contrincante, Esperanza Aguirre, que tiene tirón popular, se deja ver constantemente y no parece participar de ese endémico sentido del ridículo que portamos en los genes los españoles, aunque ya empiece a preocupar esa extravagante manía que le ha entrado de lucir las camisetas deportivas que le regalan los campeones que merecen salir al balcón de la Puerta del Sol.
Claro, dirán ustedes que me estoy adelantando, que en este momento contra quien batalla la Ministra de Sanidad no es Esperanza Aguirre, sino Tomás Gómez, pero me he vuelto tan políticamente paranoica que ya no me creo que las primarias del PSM sean algo distinto a un teatral tejemaneje político. Y, en todo caso, como dijo el lunes la actual presidenta, ambos, Jiménez y Gómez, son Zapatero. Lo que es cierto es que la lucha por hacerse con Madrid, una de las prioridades del partido socialista, que durante estos últimos años ha intentado, sin conseguirlo, sacar al PP de la capital a través de la asfixia monetaria, de sabotajes bajo tierra o rocambolescas historias de espionaje, se presenta más interesante por el peso de los nuevos adversarios. Y después, los madrileños volveremos obedientes a dejarnos caer por los colegios electorales para ejercer nuestro derecho al voto a favor de quien nos haya parecido más guapo y más simpático. Para qué esperar al programa electoral. En realidad, ¿cuántos ciudadanos, y no sólo de Madrid, lo leen antes de depositar el papelote, perdón, la papeleta, en la urna?
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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