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Por México, hagámoslo bien

Beatriz Reyes Nevares
domingo 05 de septiembre de 2010, 03:38h
Uno se pregunta porque en las noticias, color rojo y amarillo, como la bandera española, la prensa mexicana no hace énfasis en la violencia, en el número de muertos que hay en Venezuela, de los sicarios y muertes en Brasil, estamos de acuerdo que la ingobernabilidad en México, en algunos estados de la República, es muy grande, pero porque machacar y machacar sólo en nuestra desgracia.

Por qué a todas horas desde los noticieros de la radio o de la tele, nada más se habla de México, como si este fuera el único país en el que hay droga, muertos violencia y corrupción. Claro, es lo que importa, no vemos más allá de nuestras narices.

Las noticias no se venden, no hay morbo suficiente, no importa lo que pasa en Sudamérica.
La ignorancia, el desdén, el estar obsesionado solamente con lo nuestro, hace olvidar que el mundo es ancho, pero que no debería ser ajeno.

Ahora que en el mundo se sufren toda clase de catástrofes, por el cambio climático, cuando en Pakistán, según la ONU, se sufre la mayor tragedia.

Cuándo en otras partes del planeta se sufre igual o peor que nosotros, no es cuestión de “mal de muchos consuelo de tontos”, pero si de un poco de pensar que no somos los dueños, los únicos que sufrimos .

Si se hace una encuesta, tan de moda actualmente, si se le pregunta a lo largo de los días, qué pasa en Pakistán, la gente pone cara de asombro. Ni siquiera saben dónde está ese país, ni que sucede; ni se dan por enterados de las inundaciones en China, ni de los incendios en Portugal, ni en Galicia.
Es una especie de síndrome de victimizarse, de sentirse los que más sufren, como si tuviésemos la exclusiva del dolor.

Desde luego hay un punto de razón: el dolor que más duele, el que lastima es el propio.
Hay una gran dosis de egoísmo, ni siquiera les importa el dolor del vecino del piso contiguo, menos el de la misma calle donde se vive, ni de la colonia, ni de la ciudad; ocurre que ni les importa muchas veces el dolor de los que se supone son cercanos.

Hay una especie de mezquindad preocupante, un encerrarse en su propio mundo, en egoísmos que no conducen a nada. En nada más creer que su circulito es el único importante, incomunicación, desinterés, falta de amor al prójimo, en suma, es natural, humano, explicable, que suceda de alguna manera así.

El resultado puede ser más catastrófico, no solamente para el individuo, sino para su propia familia, su entorno, no se puede vivir encapsulado, encerrados bajo un capelo, supuestamente protector, sin cercanía con los mayores, sin verdaderos amigos, sólo “cuates”, pensando solamente en el bienestar de la familia, como lo decía el slogan de Ernesto Zedillo, ex presidente de México.

Importa el bienestar de todos, pero para lograrlo se necesita unirse, organizarse, reflexionar que hay otros. Comunicarse, tratar de entenderse, de echarle el capote, el cable al que lo necesita, dejar las faramallas, el barbullo a un lado, y que todos piensen que unidos, coordinados, con optimismo razonable se puede salir del espantoso dolor, del horror, del temor, que legítimamente se tiene, pero poner el granito de arena, que puede hacer una playa, a la que por fuerte que sea la marea no van a acabar.

Tener fortaleza de rocas que no se doblan. No se valen debilidades, ni de los gobiernos, sean del color que sean, federales, estatales municipales o de la comunidad en que se habita, más que nada, tratar de entenderse, de respetarse, de tolerarse, de trabajar por el bien de todos, no por el beneficio, ni provecho propios, sino de todos.

Beatriz Reyes Nevares

Periodista y analista política

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