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El peligroso favor de ETA

miércoles 08 de septiembre de 2010, 16:20h
De la escena política española destaca un personaje sobre el resto. Sibilino, prudente, sobrio e inteligente, mueve sus piezas sobre el tablero de un juego que parece haber inventado él mismo. Se sabe mejor que el resto y, sin embargo, no hace gala de discursos estruendosos ni de ademán de ostentación. Gusta de no levantar nunca la voz mientras da las órdenes y rara vez pierde los nervios. Su actuación más cómoda se da entre bastidores, pero todos sus oponentes políticos temen su brillante oratoria pública. A través de sigilosos movimientos, actúa moviendo los hilos de la política española. La trayectoria de Alfredo Pérez Rubalcaba se asemeja, en cierta manera, a la de Fouché. Al igual que el político francés, Rubalcaba ha sabido sobrevivir a las cambiantes circunstancias, de las que se ha aprovechado para hacerse más fuerte y lograr ser indispensable, siempre en un discreto segundo plano.

La habilidad política de Rubalcaba se hizo patente mediante su magistral estrategia electoral, llevada a cabo para las elecciones generales de 2004. De sosoman a ZP, Rubalcaba logro que un insulso Zapatero resultara atractivo para una mayoría de la población española, su decisiva gestión del atentado del 11-M hizo el resto. Como portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, supo reinventar el papel de apoyo al gobierno que le correspondía, convirtiéndose en oposición de la oposición, que tantos beneficios acarrearía. La posterior labor en el Ministerio de Interior, se ha visto empañada por las ansias pacificadoras de su patrocinado, que forzaron a las fuerzas de seguridad a mirar hacia otro lado, y a hechos tan graves y lamentables como los que se dieron en el denominado Caso Faisán. Tras el atentado de Barajas, Rubalcaba ha demostrado ser un excelente encargado de la seguridad pública. Uno tras otro han ido cayendo comandos y cúpulas. Los etarras se han visto atrapados, sin aire.

Es ahora cuando ETA, debilitada por la acción policial y supuestamente presionada por Batasuna, decide declarar una tregua y poner fin, de momento, a sus acciones delictivas, entre las que como siempre no se incluyen el chantaje y la intimidación habituales. Desconocemos la calculada finalidad del anuncio, no obstante el Partido Socialista, barrido en las encuestas, ve como los terroristas le tienden la mano para captar el favor de la opinión pública. Rubalcaba se ha puesto al frente para lidiar con este caramelo envenenado. Sabe bien que la definitiva disolución de la banda terrorista les haría recuperar lo perdido, lo que conllevaría un más que probable triunfo electoral en próximas elecciones, pero también es sabedor de que otra tregua trampa, unida a la desastrosa situación económica, relegaría a los socialistas a la oposición sine die. De esta manera se conforma lo que será para Rubalcaba su prueba de fuego, en la que deberá de aplicar todas sus habilidades para que, pase lo que pase, el partido se beneficie y él salga indemne. Yo apostaría siempre por Rubalcaba.

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