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Rectificación de la rectificación

viernes 10 de septiembre de 2010, 08:13h
El Gobierno se vio forzado, antes de comenzar el verano, a introducir varias medidas de recorte en el gasto público. Lo hizo en contra de la filosofía de su Presidente, de su apuesta estratégica por el gasto público y de su propia ejecutoria en cada ejercicio. Es más, lo hizo porque se le impuso. Desde el corazón de Europa, al que él pretendió haber llevado a España. Desde el Despacho Oval, y no por indicación de George W. Bush, a quien se le considera fuente y depósito de todos los males, sino por parte del salvífico Obama, ungido con todos los parabienes desde el socialismo español. Incluso desde Pekin se le enviaron advertencias. La rectificación, que fue un acierto del gobierno español, vino impuesta desde fuera y se adoptó contra los más poderosos instintos del Presidente del Gobierno.

No es de extrañar, por ello, que se hable ahora del “recorte del recorte”, es decir, de la rectificación dentro de la rectificación. Es la política económica hecha yenka, el vaivén económico. Hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo el ministro de Fomento, José Blanco, acordaba con la titular de Economía, Elena Salgado, una minoración de los 6.500 millones de recorte que anunció Rodríguez Zapatero el pasado 12 de mayo. Hoy sabemos que esa no ha sido la última marcha atrás en las tímidas reformas propuestas por el Gobierno.

Uno de los problemas del control del gasto público en España es que está muy descentralizado, y no puede aminorarse sin un pacto político efectivo entre los dos grandes partidos, más el concurso de los partidos nacionalistas con aspiraciones reales de poder. El Gobierno atendió el problema de la financiación local cortándole el grifo del crédito a los Ayuntamientos, ya de por sí ahogados por su propia irresponsabilidad en el gasto. Anunció que prohibiría a las corporaciones locales solicitar nuevos créditos. La prohibición entraba en vigor con efectos inmediatos. Es lógico, pues de dejar un plazo de tiempo, todos los ayuntamientos se lanzarían a agotar el crédito disponible antes de que les fuera vedado. La reacción por parte de los gestores locales fue tal, que el gobierno se vio obligado a rectificar y permitió esa financiación hasta finales de año. De este modo, por su cobardía, por su falta de fe en sus propias medidas, acabó vaciando de efectos su propia medida. Ahora ha levantado esa prohibición, la rectificación al cuadrado, al comprobar que lo que pretendía, que es el control del gasto municipal, no se ha logrado.

Este nuevo paso atrás es muy desafortunado. En primer lugar, porque renuncia a un instrumento eficaz, aunque probablemente injusto, para el control del gasto local. En segundo lugar, porque ofrece una muestra más de que el gobierno está desnortado en política económica, avanza sin parar pero no se sabe hacia dónde. Va dando bandazos y no sigue una dirección clara. Y ello nos lleva a la constatación de que Zapatero no tiene una estrategia clara de salida de la crisis. Pero la economía no se recuperará por sí sola sin la conducción adecuada de la política económica por parte del Ejecutivo. La OCDE ha constatado que el parón de la incipiente recuperación es más profundo de lo que se esperaba, por lo que Zapatero, y con él todos los españoles, no puede esperar a que sean las grandes potencias quienes tiren de nosotros. Este gobierno tiene el deber de hacer un diagnóstico certero de la crisis y tener el coraje de adoptar las medidas adecuadas. Si no fuera el caso, lo mejor es que convocase unas nuevas elecciones generales para salir del atolladero económico.
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