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reseña

Sarah Thornton: Siete días en el mundo del arte

viernes 10 de septiembre de 2010, 22:31h
Sarah Thornton: Siete días en el mundo del arte. Traducción de Laura Wittner. Edhasa. Barcelona, 2010. 246 páginas. 15 €
La escritora Sarah Thornton nos ofrece sus conocimientos de historia del arte y de sociología en este relato, reflejo traslúcido del mundo del arte, presentándolos en forma de diario detallado que incluye descripciones de situaciones y obras, además de conversaciones con protagonistas clave de esta realidad paralela, espacio restringido y exclusivo al que no le afectan las circunstancias del mundo “real” o no de la misma manera, como en la actualidad la crisis económica.

A partir de los años ochenta, el mundo del arte se volvería especialmente popular. Cada vez más gente adinerada, ávida de arte contemporáneo, entró en el estrecho círculo de coleccionistas bien para enriquecer su vida o para diversificar su cartera de inversiones. Otros, más y mejor educados, simplemente desarrollando un placer intelectual a través del sentido de la vista, que excluye la lectura pero incluye las obras artísticas: el arte como lenguaje universal. Así, los constantes “records” de precios en Sotheby’s o Christies’ comenzarían a estar presentes en los titulares de la prensa mundial, como muestra de este creciente interés.

A través de la obra de Thorton, recorremos diferentes esferas del arte empezando por las casas de subastas, en las que las razones tradicionales de venta, las llamadas 3 D: deceso, deuda y divorcio, incluyen actualmente los negocios. Las sesiones de subasta se planifican de forma que mantengan el interés y motiven la puja, iniciándose con obras de moda que excedan el high estimate, calentando así el ambiente. Después, como resalta la autora, entre crítico, marchante y coleccionista “no existe una cadena lineal de influencia”; sin embargo, la presencia y el diálogo entre los tres es imprescindible. En ese juego están presentes asimismo los eventos importantes –el Premio Turner, por ejemplo– que, como arma de doble filo, consagran y profanan a los artistas galardonados. Las bienales, especialmente la de Venecia, son otra importante ocasión para los artistas que representan una identidad nacional, y para los comisarios que organizan los pabellones.

Continúa Thorton con las famosas ferias de Colonia, Art Basel, Frieze o Arco, a las que un coleccionista de arte contemporáneo que se precie no debe fallar. Y terminamos donde todo empieza: en el estudio del artista. Desde que Warhol introdujo su Fábrica, otros artistas como Damien Hirst o Takashi Murakami han revolucionado la producción tradicional de arte, tanto en el proceso de creación (creando obras en estudios de diferentes partes del mundo sin necesidad de estar presentes, sólo mediante la supervisión directa de informes o videos detallados sobre los procesos, etc., que los ayudantes se encargan de proporcionarles en su ausencia) como de la obra en sí, desarrollando creaciones resultado de la participación en campañas para alguna casa de alta costura (Louis Vuitton y Murakami), de colaboraciones en discos (carátulas, videoclips..., de Murakami para Kanye West) o en productos de merchandising en general (tanto Murakami como Hirst lo hacen).

“El arte no debe sólo agradar a la vista si no abrir tu punto de vista”, y este libro ayuda a modificar la mentalidad conservadora, limitada, de contemplar el arte como algo meramente estético o superficial.

Por Sonsoles Vidal Bello
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