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AL SUR DE TARIFA AL NORTE DE ESPARTEL

[i]Turquía ante el 12 de septiembre que se avecina[/i]

sábado 11 de septiembre de 2010, 17:03h
Halida Edirb fue secretaria, traductora y ocasional confidente de Atatürk en asuntos políticos de envergadura. Halida, en sus Memorias, no pudo prever -como tampoco Atatürk- que al cabo de casi ochenta años (1923-2002) de republicanismo “desde arriba”, la sociedad turca atravesaría la situación política que actualmente se está viviendo en la península de Anatolia.
Halida Edirb fue secretaria, traductora y ocasional confidente de Atatürk en asuntos políticos de envergadura. Halida, en sus Memorias, no pudo prever -como tampoco Atatürk- que al cabo de casi ochenta años (1923-2002) de republicanismo “desde arriba”, la sociedad turca atravesaría la situación política que actualmente se está viviendo en la península de Anatolia.

Recuérdese que contra muchos pronósticos, el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) ganó las elecciones generales de 2002 con una abrumadora mayoría del 38%, cuenta tenida de los índices bajos de votación que se registran en el país. En resumen, republicanos kemalistas, socialdemócratas y nacionalistas de vía estrecha fueron desplazados del poder por un tándem electoral capitaneado por Recep Taïeb Erdogan y Abdullah Gül. El edificio republicano quedó parcialmente resquebrajado. Incluso la fórmula de los oráculos militares en 1980, se vino abajo en 2002. Recuérdese: según esa fórmula, la República necesitaba una medicina “turco-islámica despolitizada” que impidiera revuelos sindicales y aspavientos de inspiración izquierdista.

Como es frecuente comprobar en otros escenarios, el recurso gradual en la Turquía de Turgüt Özal y sucesores de la primatura en Çamkaya (suerte de Palacio de la Moncloa en Madrid), a un Islam sunní renaciente, se traduciría, quince años después del último golpe militar en un ensayo general de vuelta a las prácticas religiosas de la sociedad turca de tiempos pasados -tiempo de esplendor (Solimán el Magnífico), de refinamiento (Era del Tulipán) y de decadencia (o de Reformismo imposible)-.

Así nació el movimiento Refah, o partido (islámico) del bienestar, que condujo por poco tiempo (1996-97) el primer ministro Necmetin Erbakan. Un golpe (no sangriento) devolvió el país a su poco edificante trayectoria.

Tampoco mi respetado senior member en la Universidad de Princeton, Bernard Lewis, pudo prever que el robustecimiento del Islam social y político indujera a esta corriente a efectuar un asalto al bastión republicano de Turquía. Recurriendo al título de unas de las publicaciones más divulgadas de Lewis (What went wrong), los sectores dirigentes de Turquía durante los últimos cuarenta años, aproximadamente, se encuentran en la obligación moral de preguntarse qué ha fallado ante el fracaso relativo, desde luego, del camino emprendido hacia el crecimiento y desarrollo económicos por la nación desde 1970’s. Es decir, están obligados a preguntarse si la irregularidad de la política de redistribución de la riqueza en capital y rentas, no se encuentra en la raíz del éxito electoral cosechado por el Islam moderado durante los comicios de este primer decenio del siglo XXI.

No cometeré la osadía de pasar sentencia histórica a la revolución que tuvo lugar en Turquía durante los años 30 del siglo XX, como así lo reconoció en un texto antológico don Emilio García Gómez. Sí me veo obligado, por el contrario, a comunicarle al lector que la tensión entre laicos y clericales (por aproximar el tema a la concepción histórica latina) ha ido ganando en intensidad dramática durante los últimos meses.

De una parte, la alarma ha sonado en los cenáculos judiciales, militares, burocráticos y mediáticos ante la posibilidad de que la actuación social de los musulmanes piadosos continúe arrojando en las urnas un voto de reconocimiento al AKP, al tiempo que de castigo reiterado a los cuarenta años de desentendimiento socio-económico con la Turquía (aún) atrasada.

De otra, el partido en el gobierno de la nación está en la creencia de que es posible hacer progresar a Turquía, pero intentando reequilibrar la cuenta de resultados del país, mediante el acortamiento de las distancias entre las clases sociales. Apuesta que el gobierno de Erdogan, a propósito, ve compatible con la permanencia de la República en la OTAN.

Más peliagudo se le presenta al gobierno en Çamkaya el futuro del ingreso de Turquía en la Unión Europea. De futuro incierto pintan muchos analistas la gravitación táctica que Ankara ha iniciado recientemente en su proyección exterior, amigable, hacia Irán y algunos países árabes.

Esta tensión, este pulso entre dos opciones, está en juego ahora mismo, como nunca lo ha estado desde que Justicia y Desarrollo accedió a la administración de la República en el otoño de 2002.

Apoyos exteriores no le faltan a Erdogan. Sin bucear demasiado en hemerotecas, salta a la vista que Fethullah Gülen y el grupo de presión islámico-moderado que le es afecto en Estados Unidos, ejercen desde 1999 una larvada influencia favorable a los partidarios de la gradual re-islamización de Turquía. Mientras que en el polo opuesto, se situarían destacados jefes militares y de la policía, como es el caso de Hanefi Avci, autor de un bestseller en cuyas páginas este jefe de policía denuncia las “filtraciones clericales” en organismos republicanos supuestamente neutrales, laicos por tanto, en la gestión de sus tareas públicas. El caso de Avci no representa sino una manifestación concreta del enfrentamiento entre AKP -que a lo que parece no escatima en recurrir a mecanismos sórdidos contra sus adversarios- y los “herederos” de Atatürk.

Probablemente, si no sucede anomalía alguna en el transcurso de la pugna que divide secularmente “el alma de Turquía”, los pronósticos disponibles apuntan a que Erdogan y Abdullah Gül lograrán imponer, parlamentariamente, el 12 de septiembre próximo una reforma constitucional que garantice el futuro para una Turquía “piadosa”, y, sin embargo, democrática; rectificando así los derroteros que le trazó Mustapha Kemal Atatürk, a la República laica entre 1923-1938.

Atentos, pues, al reñidero en que se ha convertido la península de Anatolia, sede geográfica de una gran nación-puente, sin cuya presencia sería incomprensible la historia de las relaciones islamo-cristianas -amigables y antagónicas a la par-.
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