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Un 11-S diferente

domingo 12 de septiembre de 2010, 11:56h
El discurso que Obama pronunció ayer en el Pentágono había generado una considerable expectación. En realidad, se trataba de algo más que la conmemoración de los atentados del 11 de septiembre de 2001: por un lado, subyacía la polémica de construir una mezquita en las inmediaciones de la Zona Cero; por otro, el amago del impresentable de Terry Jones, que pretendía quemar el Corán en público. De ahí que Obama hilase ayer muy fino, para herir el menor número de sensibilidades posibles.


No lo logró. Y no lo hizo por una condescendencia tan excesiva como mal enfocada hacia el Islam. Uno de los primeros pasos de Barack Hussein Obama -del que muchos ya empiezan a subrayar su nombre de pila como auténtica declaración de intenciones- al frente de la Casa Blanca fue el de intentar estrechar lazos con el mundo musulmán. Desde guiños al mismísimo Ahmadineyad hasta su brillante discurso en la Universidad Islámica de El Cairo consiguieron que los países islámicos viesen en Obama un talante diferente. La intención era buena, y los resultados fueron esperanzadores.


Pero si a un camino de por sí complicado se le añaden obstáculos innecesarios, el fracaso está asegurado. Un obstáculo es la idea de construir una mezquita precisamente allí donde murieron casi 3.000 personas supuestamente en nombre del Islam. Otro, por fortuna tan aislado como ridículo, es el surgimiento de energúmenos intransigentes como el pastor Ferry Jones, que pretendía quemar el Corán en público. Este último acto ha generado un rechazo masivo no sólo entre los musulmanes sino -y eso es lo importante- en la totalidad de confesiones religiosas, desde judíos hasta cristianos. Una reciprocidad que resulta más que dudoso se hubiera producido de ser el caso contrario.


Por eso Obama, al igual que ha hecho lo posible para frenar al incendiario de Terry Jones, debería emplearse con el mismo denuedo a la hora de detener la construcción de una mezquita en un lugar tan emblemático. No hay que olvidar que los atentados se cometieron en el nombre de Alá y, al igual que los de Londres y Madrid, se pergeñaron en mezquitas. Construir una allí donde Al Qaeda obtuvo su mayor “triunfo” sería poco menos que un homenaje. El respeto a todas las confesiones religiosas y la absoluta libertad religiosa no está reñido con la firmeza ante determinados gestos que más bien parecen provocaciones. Barack Hussein Obama debería tenerlo presente.
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