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Viva la mala educación

domingo 12 de septiembre de 2010, 12:26h
Esta en todas partes y afecta a todos los ámbitos de la sociedad. La mala educación es una de las muchas cosas que nos iguala a todos los españoles, independientemente de nuestro origen, edad y condición. No importa de dónde vengamos o a donde vayamos, al español medio le caracteriza una grosería chulesca, una falta de sensibilidad cívica y una agresividad en las formas a las que, lamentablemente, nos hemos acostumbrado. No en vano, Belén Esteban es una de las musas del país. Una choni orgullosa de todo lo peor que la define, malencarada, gritona, que confunde la personalidad y la honestidad con la bazofia formal más absoluta. Y como ella, demasiada gente.

Hace poco he hecho un viaje a Estados Unidos. Se podrá criticar mucho a la sociedad norteamericana, tacharla de mil cosas, pero si hay algo que tienen claro cada uno de sus miembros es un estricto sentido de la responsabilidad ciudadana, de su lugar y papel en la sociedad como individuos con derechos y obligaciones. Paradójicamente, en la sociedad más individualista del mundo son conscientes de que hay otros con los que se comparte el espacio público, por lo que tratan de lubricar las relaciones de la mejor forma posible y evitar las fricciones. En eso básicamente consiste la educación. No tiene nada que ver con ser un “falso”, como aseguran muchos ignorantes, ni mucho menos con dejar que te coman el terreno o quedar de panoli. La educación es la única forma de que nuestras relaciones sociales funcionen correctamente. Ir a una obra de teatro y no ponerte a hablar a voz en grito, aunque sea lo que más te apetezca, simplemente porque vas a molestar a las decenas de personas a las que sí les interesa lo que están viendo; respetar la cola para entrar en un sitio; dar las gracias o pedir las cosas por favor; tratar de convertir tus relaciones con los demás en un intercambio de intereses civilizado y no en una competición por ver quien es más chulo o listo, son cosas básicas que, tristemente, han pasado a la historia.

Como decía, durante el tiempo que he pasado en Estados Unidos me he acostumbrado a la exquisita educación de casi todas las personas que me he cruzado. El cambio brutal fue en cuanto llegue a la cola para subir al avión que me llevaría de vuelta a España. Allí todos los españolitos de pro pasaban de cualquier indicación de las azafatas, se saltaban la cola, se acumulaban en la puerta de embarque, sin ton ni son, como si alguien fuera a quitarles su sitio dentro del avión. Con esa cara de quinqui absurdo que se nos pone cuando ganamos nuestra particular batalla cotidiana para creernos un poquito más listos que el de enfrente. Eso es lo que tenemos y lo que somos. Bazofia orgullosa de serlo.

Regina Martínez Idarreta

Periodista

Regina Martínez Idarreta es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset

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