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Inmovilismo italiano

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 12 de septiembre de 2010, 13:12h
Adda passà 'a nuttata”, -tendrá que pasar la noche-sí decía el grande Eduardo De Filippo en “Napoli milionaria”. Bueno, pero ¿cuándo pasará esta larga noche de la política italiana? Berlusconi y Fini rompieron públicamente hace ya cinco meses, sumergiendo la política italiana en una peligrosa etapa de inmovilismo y personalismos extremos. Y estamos así desde entonces, viviendo una dramática crisis política, entre transformismos (transfuguismos), cortejos y ataques, declaraciones conciliadoras y acusaciones públicas. Montecitorio, sede del Parlamento italiano, se ha convertido en un gran bazar, donde mientras se escenifica una más que censurable compraventa de diputados, los berlusconianos hacen llamamientos a la “responsabilidad nacional”. Ya, ellos, que demuestran a diario no tener ni la menor idea del significado de estas palabras. Y en este contexto contradictorio de caos estático y de altísima tensión política, se pueden resaltar algunos datos.

El dato más claro: “el partido de las Libertades (PdL) no existe más” tal como afirmó, hace unos días, Fini. Consecuentemente, la mayoría que ostenta el Gobierno peligra y el voto de confianza que se llevará a cabo la próxima semana en el Parlamento se hace cada más interesante. De momento, la estrategia adoptada por los dos enemigos íntimos parece evidente: la búsqueda de una “pacto de legislatura” dictado por la “razón política” para agotar la legislatura y evitar así un choque político devastador que llevaría a elecciones anticipadas. ¿Sólo eso? Puede ser pero está claro que el duelo queda pospuesto, ya que ambos contrincantes necesitan tiempo para organizar sus fuerzas y preparar mejor los posibles comicios anticipados de marzo de 2011.

Otro dato: Berlusconi y Bossi piden un encuentro con el Presidente de la República para solicitar la dimisión de Fini como presidente del Congreso, declarando que “su hostilidad hacia la mayoría es incompatible con su función constitucional de árbitro neutral”. Es evidente que se trata de un contraataque propagandístico, un gesto de “populismo constitucional” que manifiesta, por un lado, la voluntad de “subir” el tono de la crisis institucionalizándola, derivando en el presidente de la república la responsabilidad de solucionarla. Por otro, demuestra lo que Fini ha calificado de “analfabetismo institucional” (vamos otro intento de suavizar el clima…): efectivamente Berlusconi y Bossi demuestran una vez más su ignorancia sobre la Constitución y las reglas parlamentarias, apelando a un gesto inconstitucional. Es el Parlamento quien tiene potestad para resolver el “caso Fini”, debe ser él quien determine si el presidente de la Cámara esta o no realizando correctamente su función super partes dentro de sus trabajos institucionales, por lo que el Presidente de la Republica no podría intervenir en esta cuestión. Por eso, el anuncio parece dirigido a la opinión pública, procurándole la impresión equivocada de que el presidente pudiera solucionar el asunto. Una vez más, parece que tratan de enturbiar la escena política, confundir la opinión pública.

El recurso a Napolitano es tan faccioso como frecuente e inútil: en otra ocasión reciente, la Lega de Bossi acudía al presidente de la República por las elecciones anticipadas, ignorando o desconociendo que, para iniciar una crisis institucional, es suficiente con que sus diputados no voten la siguiente moción de confianza del Gobierno Berlusconi, abriendo de esta manera oficialmente la crisis. Nada más simple para certificar la muerte de este Gobierno.

De momento, Berlusconi sigue con una mayoría redimensionada y un programa aún por realizar. Por el bien del país, debería arrinconar los insultos, los juegos de palacio, el mercado de los votos y preocuparse de realizar las promesas que millones de italianos se tragaron hace apenas dos años. El PdL ya no existe, pero la mayoría sigue existiendo y por eso debería asumir sus responsabilidades, sin olvidar los graves escándalos, la vergonzosa ley mordaza, las inevitables dimisiones de dos ministros (después de 6 meses seguimos sin ministro de desarrollo económico), la ineficacia de un Gobierno personalista e inoperante. Eso no deberían olvidarlos ni los electores en un país donde la memoria es corta y el tiempo recicla cualquier político.

Finalmente, el j’accuse de Fini y el cisma dentro del PdL obligan a la entera clase política italiana a una asunción de responsabilidad, ya que parece que el país ahora no necesita una campaña electoral sino un Gobierno operante y activo. La actual situación de desgobierno, la parálisis institucional y la incertidumbre electoral podrían tener trágicas consecuencias para Italia. Espero no ser una Casandra…

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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