Los parados de Zapatero, encantados con sus cursillos
martes 14 de septiembre de 2010, 01:09h
Los más de cuatro millones de desempleados españoles que realizan algún curso del INEM se habrán levantado hoy más contentos. Motivos no les faltan. Por ejemplo, pueden sentirse orgullosos de saber que están llevando a cabo una importante misión para su país. Es lo que José Luis Rodríguez Zapatero ha descubierto, según sus propias palabras, gracias a la crisis. Además, el Presidente sugiere una nueva visión del desempleo; que las lanzas se tornen cañas, basta ya de alarmismos sin sentido. Hay que ser optimistas: el paro no es tan malo como lo pintan.
Lo peor de semejante sarcasmo, no es que se trate de una broma de pésimo gusto, sino que ha sido escuchado por los asistentes al Foro de Oslo sobre crecimiento y empleo organizado por el Fondo Monetario Internacional .FMI- y la Organización Mundial del Trabajo OIT. Seguramente, la estupefacción de los principales líderes económicos del mundo entero irá en consonancia con la comprensible indignación de quienes no trabajan porque no pueden hacerlo. En parte, dicho sea de paso, por la calamitosa gestión económico-laboral del señor Zapatero, más proclive a ausentarse de la realidad con cortinas de humo y titulares pomposos que con soluciones efectivas. Hasta el propio director general del FMI ha tildado la situación del mercado laboral español de “catastrófica”, el mismo día que la Comisión Europea confirmaba que mientras el resto de países de la Eurozona crece hasta un 1,8 por ciento, España decrece un 0,4 por ciento.
En esta ocasión, ni José Blanco ni Elena Salgado tendrán fácil el refutar semejantes evidencias. Ellos, los encargados oficiales de refutar las “lecturas pesimistas” que le llueven por doquier a la política económica del Gobierno, han de rendirse a la evidencia de unos datos tan tozudos como desalentadores. El amago de reforma laboral, aún caminando en la buena dirección, es claramente insuficiente. Así lo entienden no sólo los mercados financieros, castigando con dureza a la deuda pública española, sino también los analistas de medio mundo, hastiados de ver cómo el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero sigue viendo gigantes en lugar de molinos. Y por si todo esto fuera poco, declaraciones como las efectuadas ayer por el Presidente lastran aún más la credibilidad de un país hipotecado por la insolvencia de su Gobierno y de su Presidente.