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La “guerra pacífica” de Afganistán

jueves 16 de septiembre de 2010, 01:11h
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, comparecía ayer en sede parlamentaria para dar cuenta de los pormenores relativos a la misión española en Afganistán. Algo tarde, por otra parte aunque, al menos, la comparecencia en cuestión se realizó en el lugar adecuado, que es el Parlamento. Un tema tan importante como es el de la guerra de Afganistán apenas ha sido tratado en el Hemiciclo por un Rodríguez Zapatero mucho más proclive a utilizar términos como “misión de paz” o “labores humanitarias”. Es una lástima que, habiendo enfocado la cuestión en sus justos términos –la necesidad de impedir que los talibanes vuelvan a convertir Afganistán en base del terrorismo de Al-Qaeda- el señor Zapatero se resista, por un equivocado sentido de la popularidad, a reconocer las consecuencias que se derivan de esa conclusión: la guerra.

Pero la realidad es testaruda. En Afganistán, por más que les cueste admitirlo a Zapatero y a Carmen Chacón, hay una guerra. Sumamente cruenta, para más señas. Y nada convencional. De hecho, ninguna lo es ya. Aquellos conflictos bélicos al uso en que un ejército batallaba en campo abierto contra otro es ya un escenario más bien anacrónico. Hoy, el enemigo es otro. Rara vez va uniformado. Se mezcla entre la población civil con el triple objetivo de ganarla para su causa, mezclarse entre ella para no se localizado o, en último caso, utilizarla como escudo humano. Afganistán es un buen ejemplo de ello. Por eso tiene poco sentido emplear verbos equívocos que nos transportan a un escenario irreal: en Afganistán no se ha “detenido” a los terroristas que mataron a los Guardias Civiles españoles; dígase la verdad: se los ha capturado y hecho prisioneros.

Además, es de una bajeza moral inexcusable que cada vez que se produce alguna baja, Carmen Chacón repita machaconamente que “fue el PP quien nos metió en esto”. Por desgracia, 92 españoles se han dejado la vida en esa “misión de paz” a la que aluden la titular de Defensa y su jefe, y no precisamente llevando a cabo misiones humanitarias. Que también, desde luego; tan importante como asegurar la estabilidad afgana es ayudar a reconstruir el país y prestar a la población civil el máximo de colaboración posible, pero para eso ya están las ONG. El ejército ayudará, sí, pero su cometido es otro. Y no pasa nada por reconocerlo. Algo que, por otra parte, han hecho muy bien PP y CIU en recriminarle al Ejecutivo: un gobierno democrático no debe jamás escamotear a los grupos políticos con representación parlamentaria información sobre los movimientos de tropas llevados a cabo en le extranjero. Y si las circunstancias aconsejan prudencia, hay instrumentos como la Comisión de Secretos Oficiales donde dar cuenta como corresponde a los representantes de la ciudadanía. Sin eufemismos semánticos.
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