La Eurocámara y la política migratoria francesa
jueves 16 de septiembre de 2010, 01:13h
Las palabras de la vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, comparando la expulsión de los gitanos franceses con las prácticas llevadas a cabo por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial están fuera de lugar porque establecen unos términos de comparación completamente desproporcionados. Una cosa es cuestionar y criticar la política francesa –en la medida que podría suponer un sesgo étnico- y otra muy distinta es compararla con la política de limpieza y exterminio racial nazi. Tan es así que, hasta las propias autoridades de Luxemburgo, país del que procede Viviane Reding, han expresado públicamente su malestar. Malestar que se torna en profunda indignación en el Elíseo, desde donde Nicolas Sarkozy está librando una dura batalla no sólo contra la inseguridad ciudadana en Francia, sino también contra la dictadura de lo políticamente correcto.
Hablar de racismo y xenofobia en un país como Francia resulta una temeridad. Por desgracia es un fenómeno que existe, al igual que en el resto del mundo, pero mucho más atenuado, por cuanto se trata de un país tradicionalmente acogedor, y con uno de los mayores porcentajes de diversidad étnica de todo el Viejo Continente. Francia es además el lugar por excelencia de los valores cívicos, donde palabras como “libertad”, “igualdad” y “fraternidad” cobraron una nueva dimensión.
El Ejecutivo de Sarkozy asegura que no expulsa del país a nadie por motivos étnicos, sino administrativos y de seguridad pública. Y lo cierto es que la mayor parte de inmigrantes rumanos -muchos de ellos gitanos- que viven y trabajan de forma regular en Francia son quienes más apoyan la medida. Ellos son quienes han de padecer a diario que se les vincule con unos compatriotas que rehúsan integrarse, negándose a escolarizar a sus niños, que viven de subvenciones desde hace generaciones, que no pagan impuestos y que no tienen ocupación legal conocida ni domicilios estables y presentan unas altísimas tasas de criminalidad. Por cierto, no todos son gitanos. La Europa de los 27 tiene como una de sus principales señas de identidad la política de suelo único, pero ello no obsta a que una nación soberana como Francia adopte las medidas que estime oportunas para preservar la seguridad de sus nacionales.