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Papá ven en tren

sábado 18 de septiembre de 2010, 21:38h
Hace muchos años, yo no puedo hablar más que del pasado porque lo he vivido y dado que lo único que me importa es el incierto futuro, vienen a mi memoria unos cartelones que aparecían en todas las carreteras españolas en competencia con los famosos toros de Osborne y que rezaban así: “papá ven en tren”.

Y yo, más ingenuo que una vaca asomándose a ver pasar los ferrocarriles, hice un viaje de ida y vuelta a una de las ciudades más hermosas del mundo: Pontevedra. Debo añadir inmediatamente que Galicia ha sido, y sigue siendo una de las regiones más olvidadas por los dirigentes de una España, con el franquismo supuestamente unida en lo que respecta a comunicaciones muy concretamente las ferroviarias. Los ferrocarriles que transitan por tierras españolas y que se dirigen a Galicia, son antediluvianas, destartaladas, lentas, insufribles. Y si ese personaje grotesco, que se llama Pepiño Blanco no lo remedia el mal que denuncio será eterno. Y, como tofo el mundo sabe el tal ministro de la cosa, es además de inepto el príncipe de la gafancia y el rey de analfabetismo.

Regrese a Madrid en un tren pomposamente llamado “trenhotel” y cama gran clase y lo sucedido seria digno de “el maquinista de la principal” protagonizado por los hermanos Mars.

Nada mas ponerse en marcha se inundo el camarote, coche cama y a sus ocupantes se les comunico que no podía hacer nada para situarlos porque no quedaban plazas. Un amable jefe de tren-la amabilidad impera hoy en día entre los funcionarios de RENFE- comenzó a recabar toallas, almohadas y demás lencería, para tratar de secar las aguas turbulentas y, además, llenas de excrementos. Los dos ocupantes del cubículo nos empapamos y así más que incómodamente llegamos el uno de septiembre a la estación de Chamartín. Era tal nuestro cansancio que hasta desapareció nuestra natural irritación. Las asistencias, que estrenan la amabilidad, nos llevaron hasta un taxi.

Yo hice el pliego de cargos en envié a dos departamentos de la RENFE que debiera llamarse la chatarrería nacional. No se si voy a obtener respuesta. Exijo el mínimo respeto para los que viven y vienen y van a Galicia. Se les maltrata y creo q se les califica como ciudadanos de tercera clase. Los transportes aéreos superan con sus tarifas a los de viajeros que salen al extranjero. Lo único que funciona es la red de carreteras que no se debe a los actuales gobiernos supuestamente democráticos.

Nadie piense que escribo estas líneas como consecuencia de una rabieta. Pero, si de una rabia ante la impotencia que tenemos los ciudadanos españoles para expresar cualquier disconformidad. La policía marroquí insulta y hasta apalea a los ciudadanos españoles que se suman a los gritos de libertad. El moro que esta en el poder niega la hispanidad de Ceuta y melilla que son españoles con una identidad y antes de nacer marruecos.

El día menos pensado los “llanitos” y sus amos británicos cerraran el estrecho de Gibraltar negando que los españoles naveguen por sus aguas. Y los trenes continuaran caminando despaciosamente y cabreando a sus ocupantes.
Quisiéramos que no se repitiese una frase falsamente de orgullo que reza así: -¡España y yo somos así señora!
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