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Los terremotos que cambiaron México hace 25 años

Juan Federico Arriola
domingo 19 de septiembre de 2010, 18:02h
A la memoria de mi amigo Luis Cadena Baumgarten estudiante de Derecho en la Universidad La Salle, víctima del terremoto del 19 de septiembre de 1985.

En aquel entonces yo era un joven estudiante universitario de Derecho y Filosofía, que trabajaba en una compañía de fianzas y vivía en una zona altamente sísmica, a dos calles de las avenidas principales de la Ciudad de México: Paseo de la Reforma y Avenida de los Insurgentes. Recuerdo haber estado nervioso la noche del 18 de septiembre, tenía una paz tensa y presentía a la vez una tragedia, pero no lo sabía, hasta que...

El 19 y el 20 de septiembre dos terremotos sacudieron principalmente a la Ciudad de México aunque también afectaron otras ciudades. En realidad aquellos terremotos sacudieron también nuestras conciencias. No sólo se cimbraron los edificios y las casas, la tierra se quejó: no olvidaré jamás aquellos momentos en que pensé que moríamos todos, cuando logré salir a la calle poco después de las 7 de la mañana con 19 minutos, escuché aquellos ruidos infernales: gritos humanos, el estremecimiento de la tierra misma, el rompimiento de estructuras que sentí que venían encima de mi. Un espectáculo horrible que no olvidaré jamás. Aquel terremoto marcó mi vida para siempre que había sido de 8.1 en la escala de Richter.

El 20 de septiembre hacia las 7 de la tarde aproximadamente volvió a estremecernos otro terremoto que sobrepasaba los 7.5 grados en la escala de Richter. En esos momentos estaba afuera de unas ruinas, en lo que fue un edificio donde vivían más de quince familias. Una de ellas era la familia Cadena Baumgarten. Mi amigo y compañero universitario Luis Cadena Baumgarten y toda su familia fallecieron, porque el edificio donde vivían se cayó totalmente. Ante la impresión de aquello, dudaba del futuro de mi ciudad: no había luz, no había gobierno, no había ,líneas telefónicas servibles, no había agua potable en muchos sectores de la capital mexicana, pero sí surgió algo: la solidaridad que de forma espontánea hizo posible el rescate de muchas personas atrapadas entre escombros.

El gobierno federal mexicano y el gobierno del Distrito Federal que dependía directamente de aquél, tardaron en reaccionar. Si la gente hubiese esperado a que las autoridades coordinasen los rescates, muchas personas habrían fallecido.

El intelectual mexicano Gabriel Zaid había predicho en junio de 1985, en las páginas de la influyente revista cultural Vuelta dirigida por el poeta Octavio Paz, que el PRI podía perder el poder si viniese un terremoto de gran escala y así sucedió. En la Ciudad de México, el PRI desde 1997 no gana casi ningún espacio entre varios cargos importantes: el gobierno de la Ciudad de México, la Asamblea Legislativa, las delegaciones políticas o incluso los escaños del D.F. en el Senado y la Cámara de Diputados.

Aquellos terremotos nos hicieron ver la importancia de los lazos solidarios, de la democracia y la transparencia. Aunque el Partido de la Revolución Democrática gobierna la Ciudad de México desde 1997, no parece tener todo el prestigio y la transparencia para enfrentar una eventual tragedia, porque los casos de corrupción en construcción de vivienda continúan y porque se siguen construyendo grandes edificios -con gran tecnología ciertamente- en sitios de alto riesgo. Nos falta aún cultura de prevención de desastres, pero hemos tenido avances importantes en la sociedad civil desde 1985.

La tragedia que costó miles de vidas humanas en 1985 cogió por sorpresa al entonces presidente Miguel de la Madrid: no había un fondo económico de contingencia para desastres naturales. La respuesta fue que en 1986 se crearon nuevos impuestos y subieron las tarifas públicas para compensar las pérdidas materiales. Desafortunadamente no hay dinero que compense las vidas humanas que irreparablemente se fueron.

A 25 años de aquella tragedia, de la que fui un sobreviviente con toda mi familia, agradezco a Dios la oportunidad de continuar la lucha política desde la Academia y el Periodismopor abrir espacios públicos necesarios para una democracia eficiente. Tenemos una democracia formal, pero no eficiente, porque falta transparencia en el gasto, falta civismo y falta mucho patriotismo entre las autoridades mexicanas de todos los signos político-partidistas.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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