Todo está a punto para que este domingo 17 millones de venezolanos elijan en los centros de votación a los 165 miembros con constituirán la Asamblea Nacional (AN) y sus representantes a los parlamentos Latinoamericano e Indígena. Tras cinco años de larga ausencia en el pleno legislativo, la oposición de ese país intentará ganar por lo menos la mitad de los escaños con el objeto de conformar un parlamento plural que frene la supremacía institucional de Hugo Chávez.
Los partidos de oposición venezolanos son conscientes del error político que supuso boicotear los comicios legislativos de 2005 llamando a la abstención de los votantes. Una estrategia que resultó ser una dolorosa “Espada de Damocles”, porque significó la entrega del órgano responsable de establecer las leyes del país a Chávez y con éste, la potestad al retirado teniente coronel de introducir una serie de medidas que han facilitado la aceleración y consolidación de un proceso político que se ha dado a la tarea de centralizar todos los poderes del Estado en su figura.
Tal acto de insensatez política significó la forzosa metamorfosis de la democracia venezolana a la democracia según Chávez, en donde se han expropiado más de 767 empresas y comercios en los últimos cuatro años, la inflación se ha situado en el 32%, la tasa de muertes violentas alcanzó las 40.627 víctimas,-sólo en 2010 de acuerdo con las cifras arrojadas por el Observatorio Venezolano de Violencia-; a la vez que se han amenazado y cerrado medios de comunicación e intervenido a la banca y a la sanidad privada, entre otras cosas.
Esta coyuntura impulsó un cambio de mentalidad en el núcleo de la oposición, cuyos partidos comenzaron a dar desde hace dos años, movimientos para configurarse en un sólo bloque. Las elecciones regionales de 2008 fueron decisivas en la instauración de la esperada unidad, en donde las plataformas adversas al chavismo se hicieron con la victoria en cinco Estados, entre los que se encuentran cuatro de los más estratégicos para el desarrollo del país como el petrolero Zulia, los industriales Miranda y Carabobo, y por supuesto, el Distrito Capital (Caracas).

No fue sino hasta a mediados de 2009 cuando los representante de los partidos Copei Podemos, Primero Justicia, Alianza Bravo Pueblo, Un Nuevo Tiempo, La Causa R, MAS y AD, aparcaron sus diferencias partidistas para establecer un bloque político que aglutinara a todas estas fuerzas y le diera la pelea al Gobierno: La Mesa de Unidad Democrática.
Esta organización ha permitido que la oposición escale en los sondeos y acorte distancias con el oficialismo de cara a las legislativas del domingo, complicándole el panorama electoral al omnipresente Hugo Chávez, quien por su parte, se ampara en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV),-compuesto por sus leales del Partido Comunista y la Unión Popular Venezolana-, para hacer frente a la alianza opositora. Sin embargo, este no es el menor de los problemas para el mandatario.
Un ex aliado del la “revolución”, el partido de centro izquierda Patria Para Todos (PPT), también se metió en la contienda para la conformación de una Asamblea plural y mixta. La organización política independiente integrada por sindicalistas, académicos, intelectuales, personalidades y ex ministros del gobierno que, decepcionados del presidente, decidieron ir por su cuenta para tratar de hacerse con el favor de los votantes indecisos a fin de lograr 11 e incluso 19 escaños en la AN.

Los analistas políticos y candidatos al parlamento venezolano como el secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, coinciden que el “Talón de Aquiles” del chavismo es el mismo Hugo Chávez, porque es él en realidad, el único candidato del PSUV para estos comicios.
Su imagen y sus consignas fueron las grandes protagonistas de los afiches y pancartas que decoraron las calles y barriadas de Venezuela a lo largo de de la campaña electoral. Ni siquiera sus seguidores más fieles saben a ciencia cierta por quiénes van a votar, ya que el mandatario ha modificado reiteradamente su lista de candidatos. De lo único que están seguros es que su voto es para al que llaman su “comandante”.
Asimismo, este personalismo ha sembrado un sentimiento de desconfianza en muchos ciudadanos de las clases más desfavorecidas que comienzan a señalarle como el responsable de los males del país, lo que ha debilitado su imagen de cara al electorado. Pese a encabezar los sondeos, Chávez llega a estas elecciones sin el porcentaje abrumador que solía beneficiarle en el pasado.
El domingo los venezolanos decidirán si se mantiene la mayoría oficialista o le darán cabida a una Asamblea mixta. De ser esto último, la oposición tendrá una oportunidad importante para recuperar los espacios perdidos y reivindicar el error garrafal que cometió en 2005.