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El Congreso es la Cámara de representación territorial

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
domingo 26 de septiembre de 2010, 13:25h
Los Estados descentralizados como el nuestro, no tienen Senados como el que tenemos. Canadá y Bélgica han tenido, o siguen teniendo, Cámaras Altas parecidas a la nuestra, y da la casualidad que ambos países tienen desajustes regionales, especialmente, porque en ellos, los partidos nacionalistas no están por la labor de solucionar los problemas territoriales como cualquier otro de naturaleza política: votando.

La perfección de un partido nacionalista consiste en negociar bilateralmente sus asuntos con el Gobierno, y poner el grito en el cielo si cualquiera de “sus problemas” es sometido al parecer –y a los votos- de todos los demás representantes de la soberanía nacional.

Estos días hemos tenido un ejemplo más. Los nacionalistas vascos aprobarán los Presupuestos de 2011, al haber obtenido para su Autonomía la competencia de “las políticas activas de empleo”. El primer presupuesto del Gobierno Aznar, del año 1997, salió adelante gracias a los votos del PNV, partido que a cambio, obtenía un Concierto Económico, y un Cupo, gracias al cual, hoy, esa trasferencia puede ascender a cantidades inmejorables, sin por eso romper la famosa “caja única de la Seguridad Social”: los 172 millones de euros que el PNV “saca” de esta negociación, se descontarán del Cupo que Euskadi debe pagar al Estado, “y a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”.

No se rompe la caja, pero es palmario que los ciudadanos vascos salen ganando.

El Gobierno del lehendakari López había llegado en la negociación a 300 millones de euros, que era una buena cantidad. Entonces entró el PNV, por razones diversas, y que ahora no importan. Y aquí nos encontramos con la falta de una Cámara de representación territorial. En España, la auténtica Cámara territorial es el Congreso de los Diputados. Pero sólo al alcance de los diputados nacionalistas. Éstos singulares diputados ni presentan candidato a gobernar España, ni tampoco tienen programa electoral para todos los españoles. En realidad actúan en el Congreso como si fueran senadores de su región. En contrapartida, los verdaderos senadores son una especie de diputados devaluados.

Saquen ustedes las consecuencias lógicas que se desprenden de esa anomalía. Por ejemplo, las Comunidades Autónomas no están representadas en las Cortes Generales, es decir, en el poder legislativo nacional. Y como no lo están, son los partidos políticos, en la Cámara de los partidos, los que representan a las Comunidades Autónomas; pero sólo esos partidos cuyos diputados actúan como senadores. En este caso, los seis diputados del PNV, que son menos que los diputados vascos del PSOE, y que además, están en la oposición al Gobierno vasco.

Lo ideal sería que el Congreso aprobara el presupuesto global para España, y los senadores –representando a las Comunidades- distribuyeran, entre ellos, la parte que corresponde a cada una de las regiones o nacionalidades.

Esa confusión actual entre lo institucional –las Autonomías- con lo partidario genera muchos problemas. Las imparables pugnas de las regiones con el Estado ¿no son en realidad luchas electorales partidarias? ¿Y acaso no son un método inmejorable para construirse un discurso político aunque no se tengan muchas ideas en la cabeza?

En la pasada legislatura, el presidente Rodríguez Zapatero anunció que se iba a reformar el Senado. Las tensiones derivadas de la tramitación y aprobación del Estatuto de Cataluña, en mi opinión, hizo fracasar el intento. Habrá que recordar que entonces se produjo una confusión institucional similar a la de estos días: las enmiendas al Estatuto fueron acordadas, en una reunión en Moncloa, entre el presidente Zapatero, y los diputados de la oposición catalana, Artur Mas y Josep Antoni Durán i Lleida. Tampoco el Gobierno afectado fue invitado a la negociación. En honor del lehendakari López diré que ha permanecido en silencio para evitar que el PNV aumentara el precio de su pacto.

Una de las causas del malestar con la política reside en que nuestro modelo autonómico descansa absolutamente sobre el sistema de partidos políticos. Las personas que nos representan, y las instituciones donde actúan, han sido instrumentalizadas por las direcciones partidarias. Por eso la reforma del Senado sigue siendo imprescindible.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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