Querida Bibiana
domingo 26 de septiembre de 2010, 18:38h
Una conocida mía, madre de un niño de unos dos años, se encuentra buscando trabajo. Hace poco tuvo una entrevista para un empleo como dependienta en una tienda. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que le preguntaron sobre su estado civil. Cuando contestó, con toda naturalidad, que a sus 25 años estaba casada y era madre de un niño pequeño, la empleadora, una mujer, le dijo que no daba el perfil. ¿Por qué? Porque es una potencial embarazada, cuya contratación supone un potencial quebradero de cabeza para una pequeña empresa que, hoy en día, en plena crisis, no puede permitirse la potencial baja, la potencial nueva contratación y demás consecuencias laborales de la maternidad. Carne de cañón de Bibi, ¿verdad? Una malvada empresaria misógina se revuelve contra su género y excluye a una persona por su condición de mujer en edad de procrear.
Veámoslo de otra forma. Un pequeño empresario al que también conozco bien, lucha por vadear la crisis de la mejor forma posible. Tiene dos tiendas y cuatro empleadas. Al poco tiempo de contratarla, una de ellas se quedó embarazada. El embarazo era de riesgo, por lo que se cogió la baja prácticamente desde el tercer mes. Sumándole los cuatro meses de baja por maternidad, más el de lactancia y, apurando, las vacaciones, la broma le ha salido a una media de casi un año entero pagando dos sueldos, siendo uno de ellos improductivo. Ese dinero, en tiempos difíciles como los actuales, puede suponer la diferencia entre cerrar el chiringuito o salir adelante. Ante esta perspectiva, desde un punto de vista empresarial, casi parece lógico que entre un hombre o una mujer, se opte por quien, a priori, vaya a dar menos problemas.
La visión simplista, la fácil, es llevarse las manos a la cabeza. Así nos va a las mujeres, si los empresarios siguen anteponiendo el dinero fácil al derecho femenino a ser madres. Sí, qué fácil resulta criticar, echar toda la responsabilidad sobre las espaldas del malvado empresario, mientras seguimos mareando la perdiz, invirtiendo en literatura sobre el clítoris femenino o el feminismo gramatical. Eso, al fin y al cabo, le resulta a la Administración que vela por nosotros más barato que invertir en auténticas medidas para la conciliación de la vida familiar, que supongan un beneficio tanto para la madre como para quien la emplea. Por qué ayudar a las empresas para que fomenten el horario corrido o la creación de pequeñas guarderías en sus instalaciones o brindarles apoyo económico para que la contratación de un segundo trabajador y la baja por maternidad no le supongan un golpe a su equilibrio, si resulta más cómodo escurrir el bulto.
Querida Bibi, como bien dijiste la pasada semana, la eurodiputada italiana que se llevó a su bebé al Parlamento europeo es un símbolo de los problemas de las madres trabajadoras hoy en día. Yo iría aún más lejos. En lo que respecta al primer mundo, es el auténtico quid de esas diferencias entre hombres y mujeres que tu ministerio combate. Si te lo estás oliendo, si tanto nos aprecias, ¿por qué no haces algo al respecto?
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Periodista
Regina Martínez Idarreta es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset
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