PH CERO
[i]Trabajo en Madrid y tengo miedo[/i]
jueves 30 de septiembre de 2010, 09:04h
"No pongáis en peligro vuestra integridad física", le ha dicho Comisiones Obreras (CCOO) a sus afiliados en el aeropuerto de Barajas; "Una huelga general no es una jornada para llevar a los niños a los colegios" porque "no se garantiza ni la seguridad ni la atención" a los menores, ha advertido el mismo sindicato a los padres canarios; "El 29 de septiembre debe ser un día [...] en el que los abuelos participen en la huelga sin atender a sus nietos porque son una parte fundamental para el funcionamiento del país", ha sugerido el mismísimo secretario general de la UGT, Cándido Méndez. Que Madrid es el campo de batalla de la huelga general, que la capital es el objetivo prioritario de los sindicatos en su afán paralizador y que Esperanza Aguirre es el blanco de casi todas la iras de CCOO y UGT es ya una obviedad. Por eso no se cumplen aquí los servicios mínimos. Sabemos también que los sindicatos han organizado piquetes informativos y "convencitivos" mientras se han "armado" con pegamento y masilla.
El 29 de septiembre de 2010, el día de la huelga general, trabajo y trabajo en Madrid. Y tengo miedo de ver aparecer por la redacción, en cualquier momento y sin previo aviso, a Chiquilicuatre travestido de piquetero y dispuesto a pegarme con un archivador en la cabeza, a gritarme y a humillarme. ¿Será capaz de llegar hasta el parque e increpar a los abuelos, de plantarse en la puerta del colegio y atentar contra la seguridad y atención de los niños, o de agredir físicamente a los trabajadores del aeropuerto de Barajas? Será una broma, ¿no, señores sindicalistas? ¿O será otra dramatización para, en este caso, simular el éxito de una huelga sin sentido?
No puede ser verdad que UGT y CCOO estén utilizando a los niños y a los mayores para coaccionar a los trabajadores españoles e impedir que, quienes así lo deseen, acudan a su puesto de trabajo. ¿O sí? Ya hemos escrito muchos que los sindicatos utilizan en esta convocatoria todas las armas a su alcance para lograr un seguimiento que evite el ridículo de una huelga organizada sólo para justificar la propia existencia de UGT y CCOO. Los vídeos chabacanos, las palabras malsonantes, las contradicciones, las frases amenazantes, el incumplimiento de los servicios mínimos no pactados (es decir, los servicios mínimos de verdad), los piquetes... la violencia. Mucha pólvora para un arma inútil, para una escenificación que terminará en la "mesa de diálogo" con el Gobierno para no cambiar nada y dejar a los trabajadores como hasta ahora, sin la merecida defensa de unos sindicatos que en España son, mayoritariamente, seguidistas de las políticas económicas del Ejecutivo, vendidos a las subvenciones públicas, enmudecidos ante el paro escandaloso, anacrónicos y con el prestigio y la credibilidad en caída libre.
Sigo trabajando.