Gobernantes y manifestantes
Jordi Canal
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jcanalelimparciales/7/1/7/19
viernes 01 de octubre de 2010, 19:38h
La presencia en la cabeza de la manifestación del pasado 29 de septiembre, en la ciudad de Gerona, del número dos de la consejería de Interior de la Generalitat catalana, Joan Boada, está dando mucho que hablar. Boada, conocido y paisano mío, nacido en el norte de la provincia de Gerona, en la comarca de la Garrotxa, tenía todo el derecho, como individuo y como militante de Iniciativa per Catalunya, de apoyar la movilización sindical y protestar contra el gobierno del señor Rodríguez. El único problema -en nada menor, me parece- es que, a las condiciones de individuo, militante y manifestante ocasional, suma la de gobernante, esto es, miembro del gobierno de la Generalitat en tanto que Secretario general de Interior, la consejería que dirige el inefable Joan Saura, también de IC. Mientras él se manifestaba por las céntricas calles de Gerona, con camisa de rayas de colorines, los antisistema y acompañantes estaban enfrentándose a la policía, saqueando tiendas y destrozando el centro de Barcelona, a solamente 100 kilómetros de la otra ciudad catalana.
Los hechos merecen como mínimo tres comentarios, en niveles distintos de análisis, del particular al más general. Dejo al margen toda consideración, que nos llevaría por otros derroteros, igual o más graves aún, sobre la permisividad habitual con los llamados antisistema y otra ralea, o sobre la imparable decadencia, hecha de suciedad, inseguridad y turismo de borrachera, de la Barcelona del alcalde Jordi Hereu. Vayamos al grano. En primer lugar, es cierto que, como ha dicho Saura en su defensa, Boada tenía “todo el derecho a acudir a una manifestación, es un derecho constitucional”. Ya se sabe que, en los últimos tiempos, solamente nos acordamos de los derechos y nadie habla de deberes. Boada tenía el deber de estar en su puesto, que para algo ostenta un cargo público importante y le pagan los ciudadanos a los que debe servir -teóricamente, claro-. No parecen muy afortunadas sus declaraciones diciendo que se fue tranquilo ya que sus subordinados controlaban la situación. Si tan innecesaria es su presencia, a lo mejor podríamos ahorrarnos un abultado sueldo en época de crisis, ¿no? Los sucesos eran previsibles, pero al secretario general de Interior le dio igual. Por todo ello, no creo tampoco que dimita. Seguro que ni se le ha pasado por la cabeza. El manifestante le ha ganado la partida al gobernante, al mal gobernante.
El segundo comentario se refiere a la Consejería de Interior, dirigida por Joan Saura, asistido por Boada. Es el feudo de Iniciativa, los ecocomunistas. Fue el precio que tuvo que pagar el Partido Socialista para gobernar en Cataluña. Alguien dijo, con acierto, que era como poner a los zorros a cuidar las ovejas. El balance de esta consejería de la Generalitat es muy deficiente, de cero sobre diez. No voy a poner ejemplos concretos, ya que no caben en una columna de opinión. Únicamente citaré dos cuestiones, como muestra. En los últimos años ha aumentado la permisividad con grupos violentos en las ciudades y pueblos de Cataluña y el prestigio de los Mossos d’Esquadra, la policía catalana, se ha deteriorado. Asimismo, desde Interior se ha controlado el famoso Memorial Democrático, artilugio que no ha servido para nada útil, excepto para gastar montones de dinero, para organizar clientelas partidistas y para sembrar ideología barata. En definitiva, el despropósito es mayúsculo.
Por último, un tercer comentario, derivación clara del anterior, se impone. La Consejería de Interior es una de las más importantes del gobierno tripartito en Cataluña. Como he escrito más arriba, los socialistas la ofrecieron a sus socios izquierdosos para asegurarse el control de la Generalitat. En el fondo, pesaba para ellos mucho más la posibilidad de seguir ocupando sus sillas de gobierno que la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. Unos ciudadanos que, visto lo visto, eran y siguen siendo su preocupación menor. Dieron Interior a IC y Cultura a los independentistas de ERC. Y así nos va. El PSC, con las manos atadas, no pedirá lógicamente la dimisión de Boada. Los ocho años de Tripartito en Cataluña, con la ayuda desde fuera de Zapatero, han sido nefastos. Cada día acumulamos nuevas pruebas. La del pasado 29 de septiembre es la penúltima. Nos quedan todavía dos meses antes de las elecciones y para un previsible cambio, absolutamente imprescindible.
La conclusión, en cualquiera de los tres niveles de análisis, es la misma y se resume en la palabra siguiente: IRRESPONSABILIDAD.
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Historiador
JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París
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