reseña
Henry James: La protesta
sábado 02 de octubre de 2010, 11:03h
Henry James: La protesta. Notas y traducción de Pablo Sauras. El Olivo Azul. Córdoba, 2010. 214 páginas. 19,95 €
La protesta es la última novela que el escritor británico Henry James (Washington, 1843 - Londres, 1916) publicó antes de morir. Pese al éxito que cosechó entonces, a principios del siglo XX, después pasó prácticamente inadvertida. Recientemente traducida al español por la editorial El Olivo Azul, en ella literatura y arte se funden y dan como resultado una obra que pretende reflejar de modo detallado pero ágil la complicada situación del mundillo artístico.
La mansión Dedborough Place, propiedad del viudo Lord Theign, constituye un ambiente de lujo y ostentación que James recrea con maestría. En ella se encuentra una valiosa colección de lienzos que supone el principal patrimonio familiar. La difícil situación económica que asola Dedborough Place motiva la puesta en venta de La bella duquesa de Waterbridge, elemento que desencadena la trama de la novela de James. A partir de entonces, el frágil equilibrio que hasta entonces había imperado en la familia se rompe, y el arte y la conservación de éste se mezcla con las convenciones sociales, las disputas entre padres e hijas y el valor de las apariencias.
Las figuras del coleccionista particular y el crítico de arte, encarnadas respectivamente en los personajes de Breckenridge Bender y Hugh Crimble, resultan determinantes en el desarrollo de la trama y sirven a James para mostrar los intereses y dificultades que el mercado del arte esconde. El primero de ellos, un americano ávido de dinero, pretende sacar de Inglaterra una obra de incalculable valor, La bella duquesa de Waterbridge. Ante esta situación, el crítico británico Hugh Crimble, junto a la hija de Lord Theign, Lady Grace, se rebelan, provocando una protesta que adquiere dimensiones nacionales y en la que incluso los medios de comunicación del país toman parte.
La protesta nació de la genial pluma de Henry James bajo la influencia teatral que caracteriza su técnica narrativa. Los diálogos ágiles, la casi total ausencia de descripción o la escasa introspección psicológica en los personajes, rasgos que responden a ese interés de James por las artes visuales, involucran al lector en una novela que transmite la gran pasión del autor por la pintura.
Por Lorena Valera Villalba