Joaquín de Miguel, El doctorcillo
lunes 04 de octubre de 2010, 21:36h
Me alegro de verte. Esta frase hecha resume el sentimiento que uno tiene ante amigos como Joaquín de Miguel. Por desgracia, no me ocurre con frecuencia, pero cuando, de tarde en tarde, me encuentro con Joaquín, siento verdadera alegría que se convierte en una gran sonrisa y un deseo de pasarlo bien. Es un lujo de amigo. Nos conocemos hace mucho. Es un medico extraordinario, como los de antes que te miraban, te cogían el pulso, te hacían sacar la lengua y te diagnosticaban tus dolencias, sin necesidad de recurrir a la analítica ni a la radiografía para saber “de que pie cojeas”. Acabó la carrera muy joven, de ahí el apodo de “el doctorcito”. Cuando se enteró de lo que ganaba un MIR decidió dedicarse a otra cosa. Es el hombre con más memoria que he conocido. Si tendrá reticencia que le han prohibido jugar al Black Jack en muchos casinos de Europa. Nos conocimos cuando éramos casi niños y nos presentó Marciano de la Fuente, suegro de Joaquín. Marciano era un sabio del cine, a quien yo respetaba y por quien sentía un gran afecto. Si sería listo Joaquín que supo ligarse a la guapa hija de Marciano, casarse y tener tres hijas preciosas, que ya son notarios o más. La mujer de Joaquín es médico y sí, ejerce currando como un enano. Nos veíamos habitualmente por la costa azul o Biarritz cuando la ruleta y el cine estaban prohibidos en España y había que ir buscando emociones fuera. Mi amistad con Joaquín se consolidó de la mano de otra persona entrañable, Vicente Zabala, el crítico taurino.
Vicente Zabala era otro hedonista, amante del marisco y de las angulas a la bilbaína con enorme sentido de la amistad. Hasta para irse de este mundo, lo hizo de una manera insólita y sin dar la lata a los amigos. Tomó un avión y se fue a los toros. Y ya está. Le echo de menos. Y yo, he dejado de viajar en avión y de ir a los toros. Suerte que no está aquí, porque si ve lo que ocurre con los correbous, se vuelve a marchar a Cali.
Joaquín de Miguel presume de sordo. Cuando descubrí que era tan solo una añagaza para obtener unas entradas en el teatro, me llenó de admiración. Presumir de sordo es de las mayores ventajas que uno puede ostentar. Te permite abstraerte de tanta conversación inútil y pasar de palabras necias. Beethoven también fingió sordera, para poder copiar la música que hacían los demás sin despertar sospechas. Joaquín tiene pinta de Playboy, pero en paro. No es más que un currante, que madruga, fuma puros y corre para estar en forma. Todo eso va en contra de cualquier Playboy que se precie. La imagen es buena, guapete, elegante y educado. Frecuenta los mejores restaurantes y sabe de vinos. Jamás usa tarjeta de crédito y tiene el buen gusto, ahí coincidimos, de no usar teléfono móvil ni bolígrafo. Durante años hemos coincidido los veranos, en una piscina maravillosa cinco horas. La piscina como el yate y las novias son ostentaciones que deben tener los amigos. Una piscina es de las cosas más aburridas que conozco y ese tedio es suficiente para estudiar la personalidad del bañista. Joaquín gana mucho en las distancias cortas pues tiene coches para cada estación del año. Presume de ganar a las viejas al Bridge en Eurobuilding y de joven de haberse ganado la vida como tahour tabernario. Quiere emular a los Papas del Renacimiento Veniciano y trabaja a pintores como mecenas aunque él dice que la pintura solo es un posible negocio. Pobrecillo.
En LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO, Oscar Wilde, se inventa a un amigo para descargar sus juergas alegrías y frustraciones. Si Joaquín no hubiera existido, yo le habría inventado. Cuenta con todas las ventajas del amigo ideal, es puntual, atento, no conoce la envidia, veloz para invitar, cuenta chiste cortes y sobre todo no te pide dinero. Por eso, Joaquín de Miguel es una joya que no hay que perder.
En mis ochenta comedias hasta la fecha he pecado alguna vez, que escribo para volver a ver a los amigos el día del estreno. Esos olvidados de mis tempos de juventud, que están viejísimos. Compañeros de andanzas que solo veo en el ritual teatral y que me hacen estar al día. Joaquín y su mujer no fallan a la hora de acudir al evento. Ellos si están cada vez más jóvenes y guapos y me alegro al verlos y en cuanto acabe estas líneas me pongo a escribir una función, solo para reunir a los amigos. Hacía tiempo que no estrenaba en Madrid. Estrené y volví a ver a Joaquín. No todo en mi oficio iba a ser cosas desagradables. Joaquín de Miguel, una abundancia de amigo.
|
Comediógrafo
JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo
|
|