Etarras en Venezuela: una sospecha que se confirma
martes 05 de octubre de 2010, 01:31h
Las sospechas de que el Gobierno de Hugo Chávez ha prestado y presta ayuda al terrorismo internacional, incluida ETA, se vieron confirmadas ayer con la declaración de varios etarras que aseguran haber recibido adiestramiento en el país latinoamericano en el año 2008. El responsable de recibir a los etarras y, en general de la organización terrorista en Venezuela, sería, según la declaración de Xabier Aristrain y Juan Carlos Bresance, detenidos la pasada semana en Guipúzcoa, Arturo Cubillas, miembro de ETA cuya extradición fue solicitada por la Audiencia Nacional en marzo de 2010, acusado de tres asesinatos.
El Gobierno venezolano no sólo ha hecho caso omiso de la petición española sino que Cubillas es, actualmente, un alto funcionario de la administración del país, mientras que su mujer, Goizeder Odriozola, es asesora personal de Elías Jaua, vicepresidente de la República. Gracias a su cargo como jefe de seguridad del Instituto Nacional de Tierras, Cubillas tiene una estrecha relación con mandos de la Guardia Nacional y de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM).
Son muchos los indicios que hasta el momento apuntaban hacia la estrecha colaboración entre el chavismo y grupos terroristas como ETA o las FARC, entre ellos, la documentación intervenida a ETA en Francia, los correos electrónicos que contenía el disco duro del ordenador del jefe de las FARC Raúl Reyes, o los testimonios de ex miembros de las FARC que han relatado con todo lujo de detalles cómo fueron entrenados por miembros de ETA en la selva venezolana. Pero las declaraciones de Besance y Atristain suponen una escalofriante e indignante prueba, clave para demostrar de forma inequívoca la tolerancia y apoyo de Chávez para con el terrorismo etarra.
La diplomacia española debería ponerse las pilas respecto a un tema de tanto calado como este, aunque los precedentes no dan pie a la esperanza. Los desagravios y continuas salidas de tono de Chávez y su gobierno respecto a España y, en general, contra la mayor parte de Occidente, son una constante, pero lo que resulta inadmisible es que de forma inequívoca el régimen chavista preste apoyo a grupos que pretenden desestabilizar sistemas democráticos, como el español, a fuerza de imposición terrorista. Todo apuntaba a ello y quedaba poco lugar a la sorpresa, pero, una vez más, Chávez demuestra que sus intenciones no sólo se encuentran en las antípodas de la democracia, sino que suponen un peligro para el resto de los países que sí lo son.